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Educación vial: Por qué Paraguay necesita aprender a convivir detrás del volante

La crisis en el Hospital de Trauma y la falta de formación escolar exigen una reforma urgente de la Ley Nacional de Tránsito

| Por Arcano
Nuevo registro de conducir

Son las siete de la mañana sobre la Avenida Eusebio Ayala. El calor ya empieza a apretar y el aire se llena de un humo denso y el rugido impaciente de los motores. Entre el mar de autos, un padre zigzaguea en su motocicleta; lleva a su hijo de seis años al colegio.

El pequeño apenas se aferra a la cintura de su papá, con una mochila que parece más grande que él y un casco que, por el tamaño, claramente no es para un niño. En un cruce, un conductor decide que el semáforo en amarillo es una invitación para acelerar, no para frenar. Por un milímetro, por un suspiro de suerte, no estamos contando otra tragedia.

Esa “suerte” es la que sostiene hoy el tránsito en Paraguay, pero la suerte no es una política pública. Nos hemos acostumbrado a una suerte de “supervivencia vial”, donde el azar y la improvisación mandan sobre las normas.

Una epidemia silenciosa en el Hospital de Trauma

Si queremos entender la urgencia de la educación vial, no hay que mirar las multas, hay que mirar las camas de hospital.

El Hospital de Trauma en Asunción es el termómetro de nuestra crisis. No es solo una cuestión de “accidentes”, que muchas veces son siniestros evitables, sino una emergencia de salud pública que desangra al Estado y, lo más doloroso, desmembra familias paraguayas.

Cada fin de semana, la historia se repite como un disco rayado: jóvenes en motocicletas, alcohol de por medio o simplemente el desconocimiento absoluto de las reglas de prioridad. La educación vial no es un lujo académico; es la diferencia entre volver a casa para la cena o terminar en una sala de terapia intensiva.

La semilla en el aula: El rol del MEC

La verdadera reforma no empieza en el asfalto, sino en el pupitre. Es imperativo que el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) tome la seguridad vial no como una charla ocasional de una hora, sino como un eje transversal.

Enseñar a un niño qué significa una línea continua o por qué se debe usar el cinturón crea un efecto dominó. Ese niño será el que, desde el asiento trasero, le diga a su papá: “¡Ey, papá, no uses el celular mientras manejas!”. Estamos formando a los conductores de 2035, pero también estamos educando a los peatones de hoy.

El registro: Un derecho que se gana, no un papel que se compra

Seamos honestos: en Paraguay, obtener la licencia de conducir ha sido históricamente un trámite administrativo más que una prueba de aptitud. Mientras el “registro” se pueda conseguir con un pago en un municipio donde ni siquiera residimos, el peligro seguirá latente.

Necesitamos una reforma nacional que unifique los criterios. La licencia debe ser el resultado de un proceso riguroso de evaluación teórica, práctica y, sobre todo, psicológica. Conducir una tonelada de hierro a 80 km/h es una responsabilidad civil enorme; no cualquiera que sepa poner primera debería estar habilitado para hacerlo en nuestras calles. Hemos visto incluso personas con incapacidad mental grave que tienen licencia de conducir de algún municipio que no realiza los procedimientos adecuados para la emisión de esta.

Infraestructura que “enseña” al conductor

A veces, el diseño urbano es el mejor maestro. Una calle bien señalizada, con pasos de cebra visibles y cruces diseñados para proteger al más vulnerable (el peatón y el ciclista), obliga al conductor a comportarse de cierta manera.

No podemos exigir respeto a las normas si nuestras rutas no tienen banquinas, si la pintura desapareció hace una década o si los carteles de velocidad son un misterio arqueológico. La infraestructura debe ser didáctica: debe guiar el flujo del tráfico de forma natural, reduciendo el margen para el error humano y la confusión.

Un pacto por la vida

Al final del día, podemos tener las leyes más modernas del Mercosur, pero si no cambiamos nuestra cultura del "ñembotavy" (hacerse el desentendido), nada cambiará. La educación vial es un pacto de convivencia. Es entender que el espacio público es de todos y que mi prisa no vale más que tu vida.

El Estado tiene la obligación de educar, controlar y sancionar. Pero nosotros, como ciudadanos, tenemos la obligación de dejar de ver las normas como obstáculos y empezar a verlas como lo que son: el único escudo que tenemos para que, mañana por la mañana, ese padre y su hijo en moto lleguen sanos a su destino y con los debidos cuidados de seguridad.

Para que la Ley Nacional de Tránsito y Seguridad Vial (Ley 5016/14) deje de ser un manual de buenas intenciones y se convierta en una herramienta de cambio real, los expertos y la realidad de nuestras rutas sugieren varios ajustes estructurales. No se trata solo de subir las multas, sino de cambiar la lógica del control.

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