Fútbol

Los naturalizados: una tendencia en alza dentro del fútbol global

Los colores y el arraigo muchas veces pesan más que el lugar de nacimiento. La Copa del Mundo 2026 será un gran ejemplo de una nueva realidad que se vive alrededor de la pelota.

| Por La Tribuna
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Maurício Magalhães tendrá sus primeros partidos oficiales dentro de la Copa del Mundo 2026.

La máxima fiesta del fútbol mundial evoluciona edición tras edición. Lo que antes se trataba como una suerte de batalla nacionalista, ahora es más bien una lucha minuciosa por encontrar a los mejores representantes de cada país de cara a la gran cita, sin tener en cuenta su lugar de nacimiento.

Este hecho generó un gran debate en Paraguay, con las incorporaciones, y confirmaciones en la lista final, de los futbolistas Gastón Olveira y Maurício Magalhães, uruguayo de nacimiento el primero y brasileño el segundo. Pero en realidad, la selección simplemente se acopla a una nueva coyuntura dentro del fútbol global, un fenómeno que se repite en casi todos los combinados nacionales que participarán en la Copa del Mundo norteamericana.

¿Puede un futbolista nacido fuera del país representar con legitimidad a la Albirroja? ¿Hasta dónde llega el sentido de pertenencia? ¿Qué pesa más, el lugar de nacimiento o el compromiso con una camiseta? Estas fueron algunas de las preguntas que se instalaron luego de conocerse que ambos futbolistas, Olveira y Maurício, hicieron el papeleo para ser considerados por Gustavo Alfaro.

Las interrogantes fueron válidas. Lo que quizás muchos desconocen es que Paraguay está lejos de ser una excepción.

El Mundial 2026 ofrece una respuesta más que contundente. Solamente ocho selecciones llegaron a la Copa del Mundo con planteles integrados exclusivamente por jugadores nacidos en su territorio. Brasil, Colombia, Panamá, Arabia Saudita, Austria, República Checa, Suecia y Sudáfrica forman parte de ese reducido grupo. Ocho de las 48. Incluso potencias como Argentina, Francia, España y Alemania no están exentos a este fenómeno.

De hecho, el registro va en aumento en este siglo. Desde el Mundial Corea-Japón 2002 hasta la fecha, el porcentaje de no nacidos en el país que representan creció de un 8% a más de un 23%; elevando paulatinamente la curva hasta la presente Copa del Mundo que muestra un salto más pronunciado, casi 7%. Pasando en números limpios, de los 1.248 jugadores que intervendrán en la cita ecuménica venidera, 289 nacieron en un país diferente al que representan.

Yendo a ejemplos claros, la vigente campeona mundial, Argentina, presenta casos como los de Nico Paz, nacido en España, y Giuliano Simeone, nacido en Italia. Ambos forman parte de la lista definitiva de Lionel Scaloni.

El caso más extremo es el de Curazao, que debutará en Copas del Mundo con 25 de 26 jugadores nacidos fuera de su territorio. El único oriundo de sus tierras es precisamente su figura máxima: Tahith Chong, con pasado en la Premier League inglesa y en selecciones inferiores de Países Bajos.

Y después aparece Francia, quizás el mejor ejemplo de todos por su exitoso presente. Durante años se intentó instalar el discurso de que la selección francesa “no era francesa”. La realidad muestra algo muy diferente. Muchos de sus futbolistas poseen raíces africanas, caribeñas o europeas, pero nacieron, crecieron, se formaron y se desarrollaron dentro del sistema francés. Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé, William Saliba, Jules Koundé o Aurélien Tchouaméni representan una Francia moderna, diversa y multicultural.

En realidad, Francia pasó a ser una fuente de generación de futbolistas para otras selecciones, como sucedió hace un par de días cuando Costa de Marfil venció 2 a 1 a la selección gala con un tanto de un francés, Guéla Doué. Como dato curioso, Guéla representa a los africanos por sus raíces, pero su hermano menor Désiré integra la lista francesa para el Mundial.

Volviendo a lo nuestro, Paraguay se suma a la larga lista de 40 selecciones con nacionalizados.

Andrés Cubas nació en Argentina. También Alejandro Romero Gamarra y Juan José Cáceres. Gastón Olveira nació en Uruguay. Maurício Magalhães, en Brasil. Sin embargo, todos eligieron vestir la camiseta albirroja cuando tuvieron la oportunidad.

Al final, el fútbol suele simplificar lo que la política y la sociedad complican. Nadie le pregunta a Cubas dónde nació cuando recupera una pelota. Nadie recuerda el lugar de nacimiento de “Kaku” cuando convierte un gol o brinda alguna asistencia. Y probablemente nadie piense en el pasaporte de Olveira si termina salvando a Paraguay en una Copa del Mundo.

Al final, lo que importa es lo que hagan en el rectángulo de juego. Cuando la pelota empiece a rodar, las fronteras desaparecerán y sus logros se festejarán como un oriundo más, sin importar lo que figure en su documento.

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