El fin de semana pasado culminó uno de los torneos más prestigiosos del viejo continente: la Carabao Cup, o EFL Cup, con la consagración del Manchester City sobre el Arsenal. Para nosotros este intrascendente partido cobró real importancia no por el resultado en sí, sino porque se terminó por definir también a los mejores en el plano individual y se confirmó a Diego Gómez, que venía como goleador desde aquella fecha que convirtió cuatro tantos en un partido, como máximo anotador del certamen.
El dato, por sí solo, ya es significativo. Pero adquiere una dimensión mayor si se tiene en cuenta que Gómez no es un delantero natural, sino un volante con llegada, de esos que pisan el área con decisión y leen los espacios con inteligencia. Su capacidad para irrumpir desde segunda línea fue determinante para firmar una campaña brillante, con goles y asistencias en momentos clave y una eficacia poco habitual para su posición, incluso en el certamen de liga, en la Premier League.
Este logro no pasa desapercibido en el mapa internacional. Que un paraguayo encabece la tabla de goleadores en un torneo inglés eleva la vara y reconfigura la percepción sobre el futbolista nacional. Ya no hablamos solo de talento emergente y promesas, a veces eternas, sino de rendimiento comprobado en una de las ligas más competitivas del mundo.
Pero lo de Gómez no se trata de un caso aislado. En paralelo, Julio Enciso también deja su huella en Europa al liderar la tabla de goleo de la Copa de Francia con seis tantos, siendo además pieza clave para que su equipo alcance las semifinales del certamen, instancia que disputarán en la segunda quincena de abril.
Así, Paraguay exporta algo más que promesas: exporta protagonismo. Y en esa nueva faceta, a días de la mayor cita futbolística del mundo, internacionalmente ya se mira al futbolista guaraní con otros ojos.


