Una decisión complicada, quizás de las más difíciles dentro de la carrera de cualquier futbolista: defender a una selección que no sea la tuya, al menos no de nacimiento. Este fenómeno cada vez más común encuentra a Arnaldo Castillo, paraguayo nacionalizado chileno, con posibilidades de vestir la “roja” en la próxima fecha FIFA.
El fútbol global ha transformado la forma en que los jugadores eligen sus destinos deportivos. Hoy, el delantero Arnaldo Castillo, oriundo de Ciudad del Este, y nacionalizado chileno, ha puesto en el ojo de la tormenta uno de los grandes debates futbolísticos, ¿uno es de donde nace o de donde se forma? Hablando mal y pronto, se puede comparar con el viejo dicho de ¿padre es el que cría o el que engendra?
Castillo, de 28 años, ha construido su carrera casi en su totalidad en el balompié chileno, desde sus inicios en la Universidad de Concepción hasta consolidarse como figura en el O’Higgins de Rancagua. Su adaptación al fútbol trasandino ha sido tan natural que hoy alimenta el sueño de defender a la selección de Chile, una posibilidad que él mismo ha reconocido que espera con emoción.
Castillo no sería el primer paraguayo en vestir otra camiseta. Desde Attila Sallustro, que jugó para Italia en la década del 20 del siglo pasado, pasando por Constantino Urbieta (Argentina), Raúl Vicente Amarilla (España) y llegando hasta Julio Soler (también Argentina), la lista se extiende con más jugadores como Pablo Escobar y Nelson Cabrera (Bolivia), Heriberto Herrera y Juan Manuel Iturbe (Argentina), y Librado Azcona (Ecuador), aunque este último no llegó a debutar.
Pero volviendo a la actualidad, Castillo encarna ese cruce de identidades que refuerza la consigna. Habla como chileno, su señora y sus dos hijas son chilenas, y desarrolló toda su carrera profesional en el país trasandino creando un lazo afectivo que va más allá de su partida de nacimiento. “Chile me dio una familia y sería un orgullo representar a la Roja”, había declarado hace algunos días y al parecer, será la carta ofensiva del DT Nicolás Córdova en la reconstrucción de una selección que no encuentra la luz al final del túnel.


