Punta e invicto con sello de una retaguardia sin fisuras. Olimpia goza de varias virtudes en este torneo y una de ellas es la capacidad de mantener su arco en blanco.
El Franjeado encontró en la solidez defensiva el cimiento de su liderazgo en el Torneo Apertura. El equipo de Pablo “Vitamina” Sánchez ostenta el logro de ser el equipo que menos goles recibió en lo que va del certamen, dato que lo impulsa a la cima de la tabla sin perder un solo juego. Esa estadística explica buena parte de su presente.
El Decano encadena cuatro partidos consecutivos sin recibir goles, una racha que incluye nada menos que los duelos ante Cerro Porteño y Libertad. En ambos clásicos se impuso por 1-0, mostrando una versión pragmática, ordenada y eficaz. No necesitó brillar en ataque para imponerse, le bastó con sostener el cero en su arco y aprovechar el momento justo.
La seguridad comienza desde atrás, independientemente de los nombres. Obligado por el apretado calendario y las lesiones, Sánchez varió los hombres en la línea de fondo en más de una ocasión sin perder la compostura. Apellidos como Bentaberry, Vera, Vargas o Gamarra que nunca habían jugado juntos demostraron una complementación bárbara a la hora de sacar pelotas y cuidarse las espaldas. Tal vez por capacidad de llegada del entrenador o la química entre los propios jugadores, pero lo cierto y lo concreto es que la retaguardia funciona, incluso con la mezcolanza de nombres y en partidos sumamente complicados.
Pero, más allá de la línea defensiva, hay un nombre propio que sobresale en este momento franjeado: Gastón Olveira. El arquero charrúa se convirtió en garantía bajo los tres palos y protagonizó una de las acciones clave del torneo cuando le atajó un penal a Ángel Cardozo Lucena en los minutos finales contra Rubio Ñu. Aquella intervención evitó la primera caída de Olimpia en el campeonato y sostuvo el invicto que hoy lo tiene en lo más alto.
En contrapartida, la contundencia ofensiva es un rubro pendiente en la era “Vitamina”, lo que eleva aún más el trabajo defensivo de este año. El dato habla por sí solo, los seis partidos que ganó el Franjeado fueron por apenas un gol de diferencia. No hay goleadas ni exhibiciones ofensivas, sino triunfos trabajados, de margen corto y concentración máxima. Olimpia convierte poco, en relación con su dominio en la tabla, y muchas veces depende y sostiene resultados con su defensa para inclinar la balanza hasta el pitazo final.
Sin embargo, en torneos largos, la consistencia defensiva suele ser un valor determinante. Sánchez construyó un equipo que sabe sufrir, que administra ventajas mínimas y que, hasta el momento, lleva cuatro partidos y medio sin recibir goles. La portería está cerrada hasta nuevo aviso, el tiempo dirá hasta cuando.

