Fútbol

Bava no se anima a tocar a las “vacas sagradas”

Opinión de J.J. Bernabé

| Por La Tribuna
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Jorge Bava sufrió su segunda derrota al frente del Ciclón desde que asumió el año pasado.

En Cerro Porteño los inamovibles no rindieron acorde a lo esperado y el entrenador los mantuvo en cancha. Un equipo inocuo, sin rebeldía para, por lo menos, buscar el empate y crear ilusión alguna en el hincha azulgrana.

Señoras, señores, vimos el sábado a un Olimpia retirarse con una sonrisa al término de los primeros 45 porque había conseguido el gol y porque sabía íntimamente que Cerro no estaba para hacerle daño. En el segundo tiempo, Olimpia lo planteó de la misma manera, no enloqueció, se cerró bien atrás, sabía que Cerro iba a recurrir simplemente a aquello de tratar de atropellarlos, cosa que no lo hizo tampoco porque no tenía con qué.

Porque no tenía con qué vulnerar a una zona defensiva de Olimpia, que se hacía fuerte atrás, que se cerraba bien, sin sufrir. Porque si vamos a ir analizando, uno no recuerda situaciones de gol en el primer tiempo. Decíamos que con el marcador en contra eso iba a cambiar en la complementaria y, al final, en el segundo tiempo, ¿qué tuvo Cerro? Como para decir, “estuvo cerca del empate o mereció el empate”.

Y los cambios… los cambios, a mí me queda una idea muy clara.

Bava no se anima a tocar a las “vacas sagradas” que tiene Cerro Porteño todavía en su estructura. No lo sacó a Domínguez, no lo tocó a Iturbe, que de repente por ahí comenzó a buscar un poco más, pero sin apeligrar. No lo sacó a Gastón, lo sacó a Morel y no lo sacó a Gastón. Entonces, uno ya tiene una interpretación clara de la debilidad que tiene este técnico.

Uno pensaba que al término de los primeros 45 cuando Olimpia se iba al vestuario con el 1 a 0, Bava iba a modificar el equipo, tratar de buscar variantes que le podían dar mayor poder ofensivo, mejor tenencia de la pelota.

No lo hizo, ingresó con el mismo esquema, con el mismo equipo, marcando un poco un preludio de lo que se venía para la segunda etapa. Tapadas de Olveira no existieron. No tuvo una pelota comprometida, remates que pudieron haber apeligrado el arco de Olimpia.

Para Cerro Porteño fue un partido inocuo, un partido que quedó ahí dentro del medio de la cancha de una lucha en donde Olimpia se cerró bien atrás y sabía lo que tenía que hacer. El Azulgrana careció de rebeldía como para entrar en el segundo tiempo y dar vuelta a un resultado, por lo menos empatarlo y crear alguna ilusión en el hincha azulgrana.

El técnico de Cerro Porteño no cambió, ni se animó a cambiar. Cecilio pedía a gritos salir de la cancha. Lo de Blas Riveros es un tema aparte. Tener que ponerlo cuando todavía no estaba en condiciones. Bueno, ahí está el resultado. Lo metieron a la cancha y se tuvo que ir a los 9 minutos del partido. El caso de “Nacho” Aliseda, que también era duda en el equipo porque venía recuperándose de a poquito, pero fue el más revulsivo que tuvo Cerro en el primer tiempo para llegar arriba, para intentar por lo menos.

El caso de Vegetti ya lo conversamos en varias oportunidades. Pero yo lo hubiera dejado en el terreno de juego, sabiendo que, como último recurso o como único recurso, Cerro Porteño iba a recurrir a los pelotazos. ¿Vieron a quién lo metió como centrodelantero?

A Mosquera lo puso reemplazando a Vegetti en esa posición en donde Mosquera no vio una sola pelota y las pocas que recibió, las desperdició. Muestra de que el DT sigue insistiendo y sigue insistiendo como de alguna manera muriendo con la suya. Y el sábado, en su casa, perdió un partido importante.

Yo no sé cuál es el futuro de Bava, pero creo que el hincha de Cerro ya está harto de esta situación y está harto de bancar a “vacas sagradas” que tiene el equipo azulgrana dentro de su esquema y que no rinden en la medida esperada.

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