Todos desean jugar un superclásico, por el prestigio de un escudo, por la historia, por la superación a nivel personal, deportiva y ni qué decir por el amor a la camiseta. Disputar estos tipos de partidos a uno lo enaltece, pero esto también dependiendo del resultado y rendimiento dentro de cancha que, de no darse en forma positiva, las mareas de críticas no se hacen esperar.
La derrota ante su clásico rival, Olimpia, pegó duro, pero no todo quedó allí, sino también se dieron muchas incógnitas a nivel futbolístico, aunque existe un detalle aún más preocupante que los dos mencionados anteriormente: la de las figuras lesionadas.
Hoy, la alerta azulgrana se enciende sobre la situación del lateral izquierdo Blas Riveros, quien retornó a la titularidad en este clásico, pero solo duró 7 minutos en cancha porque resintió su dolencia en la zona del aductor que lo venía aquejando desde la fecha 2 del campeonato, donde habían derrotado por 4 a 2 a Sportivo San Lorenzo, en el estadio Erico Galeano del club Deportivo Capiatá. Desde aquel entonces, se sometió a una etapa de recuperación para poder estar óptimo, sabiendo que la institución de barrio Obrero exige mucho y uno debe mostrarse entero para defender los colores de uno de los clubes más importantes del país.
Marcelo Chaparro ingresó en su reemplazo y realizó cosas interesantes en cierta manera, pero, entre juventud y experiencia, hay una importante diferencia. Ahora bien, la gran pregunta es si ¿apuraron a Riveros o simplemente cosas de fútbol?
En la semana, el propio entrenador Jorge Bava había manifestado en conferencia de prensa que Blas venía trabajando bien y que se lo iba a esperar; es decir, siempre estuvo en duda, inclusive, hasta dos días antes del partido se mencionaba que no estaba en plenas condiciones para jugar. Por su tempranera salida en este apasionante compromiso, se termina por confirmar que aún necesitaba tiempo de recuperación y fue prematuro mandarlo a la cancha, sabiendo que un cotejo de esta magnitud exige un triple esfuerzo por lo que significa hacerle frente al rival de siempre.
También lo sucedido con Riveros abre preguntas a que si fue el deseo del jugador o faltó algo más en el proceso de restablecimiento con los médicos. Si esto fuese así pasa a ser una decisión errática del capitán del barco, Jorge Bava, cayendo toda esta responsabilidad en sus manos.
No queda más que, verdaderamente, poner en condiciones al jugador que también viste la camiseta más importante del país; la de la selección paraguaya, y es una opción potable en el laboratorio del entrenador albirrojo, Gustavo Alfaro, quien estuvo presente en La Nueva Olla, haciendo sus apuntes, pensando en la Copa del Mundo.
¿Hay tiempo? Sí, pero todo dependerá del propio Blas Riveros y de tomar decisiones más prudentes.

