Ángel Romero dio el domingo su primer paso con la camiseta de Boca Juniors con todo el oficio que lo caracteriza y sin pesarle los colores de uno de los equipos más exigentes del continente. El paraguayo debutó en la competitiva liga argentina y, en pocos minutos en cancha, aportó ese valor agregado que Boca suele exigir a sus refuerzos ofensivos: el sacrificio.
Romero ingresó en el segundo tiempo y rápidamente se mostró activo, participativo y decidido a asumir protagonismo. En una de sus primeras intervenciones fabricó una acción polémica cerca del área rival que terminó en penal. La jugada fue discutida, pero sancionada como falta al fin, y Boca capitalizó esa situación para encaminar el triunfo. Más allá de la controversia, la acción volvió a poner en evidencia una de las virtudes del delantero: su capacidad para generar desequilibrio y forzar errores defensivos. Cuando el partido se complicaba y Newell’s apretaba, apareció el mellizo para llevar tranquilidad a los suyos con esa acción.
Tras el encuentro, el propio Romero se mostró conforme con su estreno, destacando la importancia de sumar minutos y adaptarse cuanto antes a la intensidad del fútbol argentino. “Entré con ganas de ayudar al equipo y por suerte pude aportar”, habría señalado en zona mixta, dejando en claro que su objetivo es consolidarse rápidamente.
Desde el entorno xeneize también hubo valoraciones positivas. El cuerpo técnico resaltó su movilidad, predisposición y lectura de juego, mientras que algunos analistas y periodistas argentinos coincidieron en que su ingreso le dio a Boca una variante distinta en ataque, algo que el equipo venía buscando.
En lo que respecta al fútbol paraguayo, el debut de Romero tampoco pasa desapercibido. Actuaciones como esta, en un escenario de máxima exigencia, fortalecen su candidatura para integrar la lista de Gustavo Alfaro rumbo al Mundial 2026. Boca es una vidriera enorme, no solo en Argentina, sino a nivel mundial, y Romero tuvo una muy buena pasada en su estreno por esa pasarela.


