El handball paraguayo vuelve a dar un paso firme en pos del crecimiento sostenido. Esta vez, con nombre y apellido propio: Alejandro Cáceres, joven extremo izquierdo que plantará bandera nacional en Europa.
El integrante de la selección nacional, de apenas 20 años, se convirtió en nuevo jugador del KH Llapi, equipo de la Primera División de Kosovo, y se suma así a la lista de compatriotas que hoy representan al país en ligas exigentes del viejo continente.
Nacido en Caaguazú y con recorrido en diferentes categorías de las selecciones nacionales, Cáceres emprende su primera experiencia profesional fuera del país luego de un proceso sostenido de crecimiento, respaldado por su rendimiento y proyección. Su llegada a la península balcánica obedece a una tendencia en este deporte que no para de crecer en nuestro país; con representantes guaraníes en diferentes latitudes que van sumando experiencia y roce de nivel para luego trasladarlo a la selección, tanto en masculino como en femenino.
El extremo guaraní no estará solo en su nuevo desafío. En el plantel del KH Llapi ya se encuentra otro paraguayo, el pilarense Víctor Ríos, lo que refuerza la presencia nacional en el club kosovar y facilita la adaptación en un contexto competitivo y culturalmente distinto.
Más allá del caso puntual, la transferencia de Cáceres confirma el gran fenómeno del handball en nuestro país. Basta con recorrer las canchas de los diferentes torneos barriales para reconocer el talento y la materia prima, en primer lugar, y darse cuenta de la gran aceptación que tiene este deporte en tierra paraguaya, como segundo punto.
Gracias a esa constante competencia, Paraguay logró posicionarse entre los animadores de esta parte del continente con presencia mundialista en diferentes categorías. Incluso, en este último apartado, recientemente se clasificó a la Copa del Mundo Sub 20 femenina estuvo muy cerca de sellar su boleto para el Mundial de mayores en masculino.
El balonmano paraguayo sigue en constante crecimiento y la incursión europea de Cáceres valida este relato, dejando un mensaje alentador para el brillante futuro de las selecciones paraguayas.


