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Caso estadio Comuneros atascado entre el ñembotavy y el oparei

Por: Pedro García Garozzo

| Por La Tribuna-
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Mirando atrás, hoy se cumplen 48 años del nefasto hecho del tornado que se llevó el que debió ser el techo del mítico coliseo y lo sepultó literalmente, así como enterró la vida de un sitio histórico del deporte paraguayo para dar paso a la plaza sustituta y dejar a su dueño también al borde de la desaparición.

Aquel 26 de enero de 1978 debe figurar como la fecha más nefasta y trágica de toda la historia del deporte paraguayo, solo comparable al incendio que consumió la sede flotante del decano del deporte nacional, el Club Nacional de Regatas El Mbiguá en la bahía de Asunción, en marzo de 1920.

El agravante para considerar al caso Comuneros como el más serio es que ha pasado prácticamente medio siglo y casi nada se avanzó en procura de hallar una solución satisfactoria. En el caso del Mbiguá, de la desgracia se pasó a la bonanza al sentar sus reales para siempre en tierra firme en el banco San Miguel, si bien valiosos documentos y archivos que atesoraban el génesis no solo del club sino del deporte en el Paraguay y de otras instituciones amigas, como la Asociación Paraguaya de Fútbol y sus clubes más antiguos, Olimpia y Guaraní, quedaron convertidos en cenizas.

La Confederación Paraguaya de Básquetbol era la dueña de esa propiedad. Arbitrariamente se produjo la expropiación. La Justicia, por falta de uno, emitió dos fallos definitivos a través de la Corte Suprema, su máxima instancia, dando la razón en el litigio a la entidad deportiva y obligando a la Comuna a resarcir a la parte perjudicada, es decir, a la entidad matriz del baloncesto nacional.

Dos veces se estuvo cerca del finiquito del caso, o al menos se logró que dos de los varios intendentes que gobernaron en los últimos 48 años la corporación municipal firmaran el documento de compromiso de traspaso de propiedades. Pero en ambas ocasiones, primero en 2010 durante el mandato de Evanhy de Gallegos y luego en 2022 en tiempo del ex lord mayor de la capital, Óscar “Nenecho” Rodríguez, la Junta Municipal que debía refrendar y ordenar definitivamente el cumplimiento del mandato, lo rechazó olímpicamente, con excusas torpes e incoherentes, con el ánimo de embarrar la cancha y dejar que el tiempo pase sin consecuencias y se anquilose y eternice este caso.

En una palabra, la postura propició la vigencia de la no escrita “ley del ñembotavy”, que se enseñorea por encima de la famosa pirámide de Kelsen y de la prelación de las leyes. Sirvió más como argumento que las propias máximas normas constitucionales.

Y hasta ahora consiguieron que el tema vaya directo al precipicio del “oparei”.

Lo peor es que hasta quienes aún albergan una mínima cuota de esperanza de que aflore una solución, finalmente, vamos apagando la cada vez más tenue llama de la fe en la justicia paraguaya.

LEE TAMBIEN EL HISTORIAL DEL TRISTE CASO: https://www.latribuna.com.py/deportes/215737-se-cumplen-47-anos-de-la-catastrofe-del-comuneros

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