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Dakar 2026: el desierto habló y otorgó su veredicto final

Beto Rodríguez

| Por La Tribuna
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El catarí Nasser Al-Attiyah, con la bandera, y su copiloto, el belga Fabian Lurquin, celebran el triunfo en el duro Dakar 2026.

Desde el prólogo hasta la llegada final a Yanbu, el desierto saudí volvió a escribir relatos de gloria, resistencia y frustración, en una edición que combinó estrategia fina, golpes de escena y definiciones de alto voltaje.

En motos, el Dakar tuvo un desenlace de esos que quedan grabados. Luciano Benavides se consagró campeón tras una batalla táctica y física que exigió sangre fría hasta el último kilómetro. Su victoria no se explica solo por la velocidad, sino por la inteligencia para leer cada jornada, administrar riesgos y aprovechar el momento justo. El duelo con Ricky Brabec elevó el listón competitivo y sostuvo la tensión hasta el cierre. A su alrededor, nombres como Tosha Schareina y Adrien van Beveren confirmaron que la categoría atraviesa una etapa de renovación con talento probado. También hubo decepciones: caídas, errores de navegación y cuerpos que dijeron basta. El Dakar, en motos, nunca perdona.

La categoría Ultimate ofreció la cara de la autoridad. Nasser Al-Attiyah volvió a imponer su ley y alcanzó un nuevo título con una mezcla de control, ritmo y experiencia que lo ubica entre los grandes de todos los tiempos. Su conducción fue quirúrgica, incluso cuando el terreno castigó a varios favoritos. Detrás, Nani Roma resistió jornadas complejas para asegurar un lugar de privilegio, mientras que la pelea por el último escalón del podio mantuvo la emoción hasta el final con Mattias Ekström y Sébastien Loeb separados por segundos. Dacia, Ford y Toyota sostuvieron un pulso tecnológico que explica por qué el Dakar sigue siendo el laboratorio más exigente del rally-raid mundial.

En Challenger, la regularidad marcó el camino. Pau Navarro construyó su título sin estridencias, defendiendo cada ventaja con madurez. El argentino Nicolás Cavigliasso fue uno de los protagonistas de la segunda mitad de carrera, con una remontada que lo devolvió al podio y ratificó su jerarquía. La categoría mostró profundidad, jóvenes empujando fuerte y equipos que entienden que el Dakar se gana más con constancia que con fuegos artificiales.

En SSV, el dominio fue claro. Brock Heger administró la general con solvencia para quedarse con el título, mientras que el cierre tuvo el sello de Jeremías González Ferioli, ganador de etapa y protagonista de un Dakar sólido. También hubo golpes de escena, vuelcos espectaculares y abandonos que recordaron que, aun con vehículos más compactos, el desafío es total.

Más allá de los resultados, el Dakar 2026 dejó momentos épicos: remontadas improbables, asistencias solidarias en plena especial, noches de vivac con mecánicos trabajando contra el reloj y líderes que supieron cuándo atacar y cuándo esperar. También dejó momentos decepcionantes: favoritos fuera de carrera, errores mínimos con consecuencias enormes y sueños que se diluyeron en una duna mal leída. Todo eso convive en el ADN del Dakar.

El veredicto final es claro: el Dakar sigue siendo la carrera que pone a prueba todo. Talento, máquina, estrategia y carácter. Consagró campeones, reveló nuevas figuras y confirmó leyendas. Y, como siempre, cuando el polvo se asienta, queda la certeza de que el desierto no se conquista: se lo respeta.

Para La Tribuna, este cierre no es un punto final, sino una pausa, un hasta pronto. Porque el deporte motor no se detiene y las próximas banderas a cuadro ya se asoman en el horizonte. El Dakar 2026 se despide dejando historias para contar… y la promesa tácita de que volveremos a estar ahí, donde la velocidad se encuentra con la resistencia y el límite vuelve a ponerse a prueba.

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