Cerro Porteño, un campeón con cepo de la FIFA. El club azulgrana cerró el año con nuevas inhibiciones que le impiden inscribir refuerzos, en un escenario incómodo para el flamante monarca, obligado a resolver viejas deudas en plena antesala de una temporada donde apuesta a desafíos importantes.
Ser campeón no siempre garantiza tranquilidad. Cerro Porteño terminó el 2025 levantando el título local, pero también sumando un problema serio en los escritorios; una nueva inhibición de la FIFA que vuelve a condicionar su planificación deportiva y administrativa de cara al 2026. El “regalo” llegó en plena Navidad y confirmó un escenario que incomoda al Ciclón justo cuando debería enfocarse en reforzar su plantel.
La sanción impuesta por el máximo organismo del fútbol mundial impide al club azulgrana inscribir nuevos futbolistas, una situación que ya se repitió varias veces a lo largo del año. Hace solamente un mes saltó al tapete el caso de Jonatan Torres y la deuda por su ficha. Hoy, el último de ellos estaría vinculado al pase del defensor Matías Pérez, proveniente del fútbol ruso, puntualmente del club FC Orenburg.
A esta situación se suman otros reclamos que arrastra Cerro Porteño por operaciones pasadas, entre ellas, las relacionadas a Francisco da Costa, Claudio Aquino y la mencionada de Torres. Como consecuencia, mientras las inhibiciones sigan vigentes el campeón no podrá utilizar oficialmente a sus refuerzos, incluso aquellos ya presentados públicamente; como el colombiano Santiago Mosquera, anunciado como refuerzo para la temporada 2026.
El problema llega en un momento de rearmado, crucial para encarar los certámenes que vienen. Cerro tiene marcada la pretemporada para los primeros días de enero, con una etapa de preparación en Uruguay donde confirmó presencia en el torneo Serie Río de La Plata donde disputará amistosos que servirán como banco de pruebas antes del arranque oficial. El Apertura comenzará a fines de enero y el debut será de alto voltaje, nada menos que ante Libertad, en La Nueva Olla.
Además del plano local, el calendario internacional asoma con ilusión, como todos los años. La participación en la Copa Libertadores garantiza ingresos importantes, pero también exige un plantel competitivo y profundo. En ese contexto, la inhibición afecta directamente a la inscripción de jugadores y retrasa la consolidación de las nuevas figuras dentro del proyecto deportivo 2026. Todo esto se da en un marco que, por lógica, debería ser al revés; tras la consagración y con el plantel en armonía, Cerro debería arrancar con cierta ventaja.
La dirigencia azulgrana confía en levantar las sanciones en las próximas semanas. El objetivo es regularizar la situación antes de que la temporada tome velocidad, evitando que el cepo administrativo se transforme en un lastre deportivo. Sin embargo, el episodio vuelve a exponer una problemática recurrente y no solamente en el Ciclón, la dificultad para cerrar ciclos dirigenciales sin dejar cuentas pendientes. Estas inhibiciones llegan justo en un momento de recambio presidencial, lo que significa que el que asuma en enero próximo deberá también asumir deudas que no son suyas.
Cerro Porteño fue un gran protagonista en la cancha durante la temporada que se fue y apuesta a serlo nuevamente en la que viene, pero necesita recuperar estabilidad en sus finanzas. Resolver las inhibiciones no es solo una cuestión burocrática; es el primer paso para que el campeón pueda defender su corona con las herramientas que exige la alta competencia.
El 2026 ya asoma en el horizonte. Pero antes de eso, Cerro enfrenta el desafío de levantar el cepo, ordenar la casa y volver a pensar exclusivamente en fútbol. Solo se podrá trazar el camino con más claridad para intentar revalidar el título local y buscar su tan ansiada primera estrella continental.










