La causa, impulsada por la Fiscalía de Estambul, derivó en decenas de detenciones, con al menos 24 personas arrestadas en la última fase, entre ellas 14 futbolistas en actividad y un exdirigente del Galatasaray. Las autoridades investigan la participación de jugadores que habrían apostado en partidos propios o de su liga, una violación grave a los reglamentos deportivos y penales del país.
La magnitud del caso obligó a la Federación Turca de Fútbol (TFF) a actuar con rapidez. Más de 1.000 jugadores fueron suspendidos de manera preventiva, mientras se analiza su grado de responsabilidad. La medida afecta no solo a la Super Lig, sino también a divisiones inferiores, generando, lógicamente, un cese en el normal desarrollo de los torneos.
Clubes de enorme peso histórico como Galatasaray, Fenerbahçe y Beşiktaş aparecen mencionados en distintas líneas de investigación, con futbolistas señalados por movimientos financieros sospechosos vinculados a casas de apuestas ilegales. A ello se suma la implicación de árbitros y asistentes, muchos de los cuales poseían cuentas activas en las plataformas de apuestas; en números concretos, 371 de los 571 jueces están bajo investigación.
Ante este escenario, la federación local evalúa solicitar a la FIFA medidas excepcionales, como una ventana especial de transferencias, para que los clubes puedan reemplazar a jugadores suspendidos. Mientras tanto, el trabajo de investigación continuará y no se descarta que puedan producirse más detenciones en los próximos días.


