Este miércoles a las 8:00 en la Hemeroteca del Congreso, ubicada en el mismo predio donde se erguía el emblemático estadio Comuneros, se cumplirá un acto muy especial: la donación de todo el acervo de documentos periodísticos escritos que la familia del querido comunicador desaparecido, Gustavo Adolfo Köhn Brizuela, dejará a disposición del sitio para que puedan ser revisados por todos los amantes del deporte y estudiantes que deseen nutrirse de la historia deportiva paraguaya.
Gustavo fue el más destacado comunicador polideportivo de nuestro país, con vasto conocimiento de todas las disciplinas y una integral dedicación a través de la radio, la televisión y el periodismo impreso primero y en los albores del digital después, a la difusión de los mal llamados deportes menores, que dan las alegrías mayores.
Durante tres décadas de activo ejercicio del periodismo deportivo, hallándose en el apogeo de su carrera y habiendo alternado igualmente en la función pública como ministro de Información y Comunicación del gobierno nacional presidido por el doctor Federico Franco, su tarea fue altamente apreciada y valorada por el pueblo que le tributó una emotiva despedida en ocasión de su velatorio y su sepelio.
La SND Arena, el gran escenario polideportivo desde el que relató incontables eventos hasta pocos días antes de su fallecimiento, que se produjo el 29 de abril de 2015, a la edad de 47 años, recibió incontables aficionados que fueron a tributarle su último saludo.
Abrazó también la dirigencia y fue presidente de la Federación Paraguaya de Boxeo, uno de sus deportes predilectos e identificado plenamente con su carácter de gran luchador, que se tradujo a escasos días de su muerte en el recordado postrero relato de un juego de voleibol munido de un balón de oxígeno.
Este templo del deporte sigue sin nombre. Es hora de que lo tenga. Y ninguno le calzará mejor que el de Gustavo Köhn, toda una celebridad que como pocos se identificó plenamente con este icónico teatro de tantas inolvidables jornadas de diversas modalidades.
Nada nuevo será que el Paraguay se sume a otros países que reconocen a sus grandes comunicadores homenajeando su memoria con la denominación de sus mayores plazas deportivas con sus nombres. Basta citar dos ejemplos: el Estadio Nacional de Santiago de Chile, llamado Julio Martínez Prádanos (el mayor comentarista de fútbol de Chile) o Jornalista Mario Filho (el gran mentor de la construcción del Maracaná de Río de Janeiro, que lo bautizó con su nombre).
Lamentablemente en nuestro país, el valor que se le da a la historia deja mucho que desear, condenando al olvido y hasta al borrado, como ocurre con el mismísimo Defensores del Chaco, testimonios de gratitud y afecto que se tributó en su momento a próceres del fútbol como Arsenio Erico (máximo futbolista nacional), Alfonso Capurro (ex presidente de la APF, campeón en Lima 1953) y Adolfo Riquelme (padre del periodismo impreso de nuestro país, ideólogo de la fundación de la Liga Paraguaya de Fútbol y primer presidente de la entidad).
Tres de las graderías del coliseo de la APF llevan los nombres citados (en sus sectores Sur, Oeste y Este respectivamente). Y la tribuna Norte así como el palco de prensa, fueron sendos reconocimientos a dos periodistas deportivos de recordada trayectoria: Pedro García Arias (considerado padre de la comunicación radial) y Carlos Alberto Gómez (el más popular y querido narrador de fútbol de todos los tiempos).
Pese a reiterados pedidos de la entidad gremial (el Círculo de Periodistas Deportivos del Paraguay) de que los letreros identificadores se vuelvan a colocar, después de que fueron quitados en una gran refacción general y nunca más repuestos, la actual dirigencia de la APF hizo hasta ahora oídos sordos.
El gesto de la familia Köhn, que muestra el compromiso de la familia de un ícono de la comunicación que seguirá sirviendo al deporte incluso más allá de la tumba, debiera sensibilizar a la fría dirigencia deportiva nacional, para darle al César lo que es del César, resarcir históricamente a quienes fueron condenados al olvido y darle a la Arena SND sin nombre alguno, el de quien lo merece: Gustavo Köhn.



