El Legendario encara el fin de semana más decisivo de su última década con una noticia que sacude a todo el campamento aborigen: la probable ausencia de Fernando Fabián Fernández, su máximo referente ofensivo, para el duelo del domingo ante Sportivo Luqueño por la fecha 22 del Clausura 2025. En un torneo donde cada detalle cuenta, perder al goleador histórico justo en la última jornada supone un golpe duro para un equipo que aún se aferra a la ilusión del título.
El atacante aurinegro sufrió un fuerte impacto en el partido anterior y los estudios posteriores revelaron una inflamación acompañada de un leve desplazamiento del peroné, lesión que prácticamente lo deja al margen del choque en el estadio Erico Galeano de Capiatá. La evolución es lenta y el cuerpo médico fue claro: “No está al cien por ciento para competir”. Aunque Víctor Bernay no lo descarta del todo, puertas adentro se asume que el ídolo estará más en el “banco de energías” que en el banco de suplentes.
La ausencia pesa por trayectoria, por jerarquía y por historia reciente. Fernández no solo es un referente para el plantel, sino también una pieza clave en la estructura ofensiva. Su presencia, o su ausencia, cambia comportamientos, cambia responsabilidades y cambia ánimos. En una tarde en la que Guaraní debe ganar sí o sí, su baja es una preocupación real.
El Aborigen llega a esta última fecha con una misión clara: ganar a cualquier costo y esperar. El sueño del campeonato todavía no se desvanece, pero depende de un milagro futbolero: que Cerro Porteño empate o pierda en su duelo ante el descendido Atlético Tembetary en el Defensores del Chaco. La ecuación es simple; el desafío, no tanto. Pero Guaraní se resiste a bajarle el pulgar a sus posibilidades y sostiene la fe como estandarte, como tantas veces a lo largo de su historia.
Hace nueve años que el Legendario no borda una estrella en el escudo. Desde aquel Clausura 2016 dirigido por Daniel Garnero, Guaraní persigue un título que parecía esquivo, pero que hoy vuelve a aparecer, tímido, en el horizonte. Necesita su triunfo, necesita la mano de Tembetary y necesita, sobre todo, creer.
El domingo será una jornada de radios encendidas, miradas cruzadas, cálculos, suspiros y, sobre todo, mucho nerviosismo. Guaraní llega herido, sí. Pero llega vivo. Y mientras haya una mínima rendija para la gloria, el aurinegro no piensa soltarla.


