Un hecho doloroso puede verse de manera agria buscando hallar solo culpables. O tratando de mantener la cordura evitando perder lo proactivo que se pueda tener. La introducción es para hablar del rugby paraguayo que no participará del torneo pre-Mundial en Dubái.
Aunque la vocería ácida sea más fácil, no siempre ayuda. Más bien puede estar agregando a lo sucedido alguna historia de frustración. La selección de rugby, pese a la frustración por desistir a la posibilidad de estar en su primer Mundial, tiene aspectos positivos que proteger de cara al futuro.
Lo primero a destacar son los muchachos que fueron y son parte de un proceso. Una fantástica camada que soportó todo tipo de sacrificio y renunciamiento. Remaron contra viento y marea, en la mayoría de los casos sabiendo que tenían desventajas. Crecieron en silencio, casi sin la visibilidad mediática que tienen otros deportes.
Uno debe amar el rugby para dejar en segundo lugar, en unos casos, el estudio, en otros el trabajo y hasta la pareja y la familia. El tiempo no se recupera. Las heridas, a veces, son eternas. Pero ellos asumían con gallardía los costos que pasan facturas en el devenir. En buen porcentaje, todo fue a puro pulmón.
Fueron horas de duros entrenamientos, a lluvia y sol, cuyo espacio de inversión -se sabe- no tiene el debido reconocimiento económico. Ni hablemos de lo que significa un deporte de contacto permanente, que deja más de unas secuelas en el rostro y el cuerpo.
Lo segundo que vale citar es la actitud ética de la dirigencia de Paraguay, que como equipo/nación, al asumir con valentía el error técnico administrativo y renunciar de ir a Dubái. Una decisión que duele, muchísimo, pero que es lo que corresponde para proteger la esencia del rugby.
La Unión de Rugby del Paraguay (URP), por encima del duro impacto, mostró al mundo deportivo un código de real compromiso con el juego limpio y la vigencia de valores deportivos que deben ser imitados en todo el quehacer de la vida, sea pública o privada.
Los que algunos llaman el equipo Yacaré, ganó a Brasil de local y visitante. Lo hizo con suficiencia. Sin embargo, se deja reemplazar porque en el rugby el rival no es enemigo, sino un amigo con el que se comparte una sola pasión. Así, con hechos, Paraguay brinda al mundo de la ovalada una cátedra de auténtica y genuina integridad.
No es fácil asumir lo ocurrido. Obviamente los errores deben ser pagados. Pero no son motivos para ignorar lo bueno que se está haciendo. El proceso debe continuar y el mundo, en el próximo Mundial, ya tendrá presente a esta aguerrida nación guaraní, que con conducta ética este 2025 hizo honor al rugby.
Lo ocurrido más que para el desaliento debe servir como motor para mantener altivo y activo el espíritu deportivo.
Quienes saben del rugby lo sienten como un deporte que promueve la salud física y mental, aunque implica riesgo de lesiones por su naturaleza de contacto, que puede suceder en toda tarea humana.
Sabemos del golpe de tristeza que afecta a los jugadores, plantel de entrenadores, preparadores físicos, médicos y dirigencia en general. Sabemos el ánimo de las familias y de toda la hinchada, pero también conocemos que hay suficiente fortaleza para recuperar el espacio que hoy se renuncia.
No es momento de generar un ambiente de daño. Es un tiempo para meter el mejor aire y volver con todo. Estamos seguros de la capacidad de resiliencia y de la fortaleza mental para superar y aprender de la adversidad.
El que sabe observar tendrá el equilibrio para comprender que hay un crecimiento en el rugby nacional. Eso es un compromiso para toda la comunidad. No hay que permitir ningún resquicio para restar. ¡Hay que sumar!
Invitamos a los amantes de la ovalada a seguir con la mejor vibra la semifinal y final que se vienen en el torneo de la Unión de Rugby del Paraguay, allí está la base para hacer realidad la participación en las grandes ligas, que será realidad en cuestión de tiempo.
¡Seamos orgullosos de esta generación que hoy vive el rugby paraguayo!


