El fútbol europeo continúa en el foco de una polémica que trasciende lo deportivo. Amnistía Internacional abrió un nuevo frente al enviar una carta pública a FIFA y UEFA reclamando la suspensión de la Federación Israelí de Fútbol (IFA) hasta que ésta excluya a los clubes asentados en territorios ocupados de Palestina de sus competiciones. La ONG, encabezada por su secretaria general Agnes Callamard, plantea que la continuidad de esos clubes en las ligas israelíes se contrapone al derecho internacional y a las propias normas de FIFA.
La petición alimenta una creciente presión sobre los órganos del fútbol mundial que ya venían recibiendo llamados similares de expertos de Naciones Unidas y otras organizaciones, como “Atletas por la Paz”. Para la organización, permitir que clubes asentados en territorios considerados ilegales sigan compitiendo es “nada menos que una desvergüenza”. Sucede que, según información recopilada por el ente internacional, al menos seis equipos israelitas tienen sede en territorio palestino, ocupado ilegalmente por Israel.
Este hecho se contradice directamente con los estatutos y reglamentaciones de la FIFA, que dice que ninguna asociación o clubes que la componen pueden jugar en territorio de otra asociación sin la aprobación de ésta.
La decisión, en principio, será hoy
La pelota está en campo de la UEFA, que tendría en sus manos la decisión más inmediata por la permanencia de Israel en competiciones europeas. La reunión se debe llevar a cabo hoy según lo pactado, aunque se especula que se posponga para los siguientes días. Fuentes del entorno del organismo europeo y corresponsales indican que la hipótesis de una votación de emergencia fue aplazada para darle espacio a iniciativas diplomáticas en marcha. Esa pausa irrita a quienes piden una respuesta rápida y firme, pero revela también el temor institucional a que una decisión deportiva derive en un terremoto político.
Una suspensión impediría a equipos y selecciones israelíes participar en competiciones UEFA y FIFA y dejaría a la IFA sin fondos y sin voz en las asambleas internacionales. Sin embargo, también existe la argumentación contraria; entre federaciones y gobiernos; sobre separar la política del deporte y los riesgos de precedentes que politicen competencias globales. Es una disputa que vuelve a poner a la comunidad futbolera frente a una pregunta antigua y ahora dolorosamente presente: ¿puede el balón seguir rodando cuando se señalan crímenes de guerra y violaciones del derecho internacional?


