Si hubo una selección que ganó de punta a punta un mundial, emergiendo triunfante en todos los partidos de las eliminatorias y en todos los juegos de las finales y sacando diferencia de dos goles salvo en uno de la etapa de clasificación, esa fue la formidable escuadra de Brasil, campeona mundial 1970 en México.
Este titulo le valió la conquista en propiedad perpetua de la Copa Jules Rimet, trofeo challenger que se llevó por haber sido campeón en tres ediciones (1958 en Suecia, 1962 en Chile y 1970 en tierra azteca).
En esa formidable campaña del scracht, hubo un solo partido en el que apenas desequilibró la cifra por minima y máxima ventaja a la vez, como se quiera interpretar: lo primero porque fue apenas por 1 a 0 (unico resultado por tan insignificante cifra) y lo segundo porque el hombre que provocó el desequilibrio fue nada menos que el gran Edson Arantes do Nascimento (el Rey Pelé).
Pero aquel 31 de agosto de 1969, hubo un hombre que arrancó tantos aplausos como los mismos actores de la victoria que los llevó a la conquista de Mexico al año siguiente: el gran golero paraguayo Raimundo Aguilera, que despues lució sus virtudes de gran arquero en clubes de Brasil.

LA TRIBUNA, en su edición impresa del día siguiente de aquel histórico partido, tituló a ocho columnas: "Mucho Maracaná para tan magro triunfo de Brasil".
El enviado especial de nuestro diario, el ya lamentablemente desaparecido gran periodista Basilico Galeano, remarcó en el comentario que reproducimos el respeto que el público brasileño tuvo hacia nuestro equipo, que al igual que su poderoso antagonista, habia ganado todos los partidos que disputó (salvo el juego de ida con Brasil en Asunción, que cedió por 0-3).
Pero el muy buen planteo del estratega uruguayo al servicio de nuestra albirroja, el "Chema" José María Rodriguez, dio resultado y hubiera hasta podido dar una mayúscula sorpresa quedando abierto el resultado, de no mediar la genialidad del mejor futbolista del mundo de aquella época y posiblemente de todos los tiempos: el Rey Pelé.
Por eso, se resalta en la crónica que el Maracaná estuvo, pese a tener el mayor aforo de toda la historia del futbol aquel histórico dia (202.000 personas), siguió en silencio y con temor la mayor parte del encuentro.

AFORO IRREPETIBLE
Datos oficiales ofrecidos por la administración del estadio Municipal Mario Filho (Maracaná) de Rio de Janeiro, reflejaron cifras que nunca antes ni despues se produjeron en un encuentro de futbol en todo el mundo.
Según ellos, pagaron sus entradas 183.141 espectadores, completando 202.000 personas entre quienes ingresaron además sin pasar por taquillas.
TODOS LOS JUEGOS GANADOS
El gran equipo de Brasil, conducido por Joao Saldanha en las clasificatorias y por Mario Lobo Zagalo en la fase final, ganó los doce partidos que jugó (seis en la fase eliminatoria como local y de visita en Paraguay, Colombia y Venezuela, y seis en las finales de México.
Al único rival al que apenas le pudo sacar distancia de un gol fue a Paraguay, que también por este hecho aparte de todo lo citado, quedó marcado en la historia.


