La importancia de tener una casa para crecer y evolucionar

El título sudamericano U15 coloca al básquet paraguayo en el centro de la escena continental; pero, detrás de la hazaña hay meses de trabajo y un recordatorio que merece la pena volver a tocarlo: el talento necesita una casa para desarrollarse.

| Por Rodrigo Raúl López Riquelme
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La selección U15 de básquet volvió de Chile con título de campeón sudamericano y el boleto a la AmeriCup U16 2027.

Los chicos vencieron a Chile por 71-67 y se consagraron campeones sudamericanos el domingo pasado, logrando también la clasificación para la AmeriCup U16 de 2027. Pero, más allá de la conquista en sí, el título subcontinental deja dos cuestiones a analizarlas a profundidad: el valor del trabajo a largo plazo y la relevancia de tener un recinto propio, ambas enlazadas como una sola idea unificada.

Paraguay fue tendencia en el ambiente basquetero sudamericano y volvió a hacerse un lugar en el mapa continental, en base a una historia de esfuerzo, perseverancia y una planificación detallada al máximo; sin secretos ni atajos, solo trabajo y más trabajo.

Para entenderlo, hay que mirar más allá de esta semana de competencias oficiales y retrotraerse meses atrás. Estos campeones no se formaron solamente durante los partidos del sudamericano, necesitaron tiempo, entrenamientos, acompañamiento y, sobre todo, un lugar donde crecer. Una casa.

Del Comuneros al COP

El estadio Comuneros fue mucho más que un escenario deportivo. Durante décadas, representó un punto de encuentro y desarrollo para el básquet y otras disciplinas. Allí se escribieron páginas inolvidables, entre ellas las conquistas sudamericanas de la selección femenina en 1952 y 1962. En ese espacio, el deporte nacional encontró una referencia para competir, crecer y soñar en grande.

La desaparición del Comuneros dejó una ausencia que trasciende la simple pérdida de una cancha, como las autoridades de ese momento (y también ahora) quieren pintar. Se perdió un lugar emblemático para la vida del deporte y principalmente del básquet. Por eso, recordar aquella época no significa quedarse anclados en la nostalgia, sino reconocer la importancia que tiene contar con una infraestructura que permita sostener el trabajo deportivo. No en vano los mejores resultados deportivos de nuestras selecciones se dieron en tiempos del Comuneros, cuando Paraguay tenía una casa para crecer.

Hoy, el Comité Olímpico Paraguayo (COP) aparece en esta historia desde otro lugar y en otro tiempo. Sus puertas se abrieron para que la selección pudiera entrenar y preparar el desafío continental con condiciones adecuadas. Ese respaldo fue clave para que esta generación de jugadores pueda competir internacionalmente y dejar su huella.

Nada es casualidad

Festejo generalizado tras la chicharra final. Los paraguayos celebran junto con su entrenador, Benjamín Cano.
Festejo generalizado tras la chicharra final. Los paraguayos celebran junto con su entrenador, Benjamín Cano.

Gracias a la acertada decisión del COP, el camino de estos chicos comenzó mucho antes del sudamericano de Chile. Desde enero, con la conformación de la preselección y los primeros movimientos del equipo nacional, se puso en marcha un proceso que demandó constancia y compromiso. Meses de preparación precedieron a una semana en la que cada partido exigió carácter, concentración y capacidad para levantarse ante las dificultades.

La lección es tan sencilla como obvia; el talento siempre necesita oportunidades para convertirse en resultados. Los jugadores hicieron su parte; el cuerpo técnico condujo el proceso y el respaldo institucional ayudó a crear las condiciones para trabajar.

No hay secretos. Sin trabajo sostenido en el tiempo, el talento muchas veces se vuelve irrelevante. A estos chicos les dieron una casa y tiempo para entrenar y volvieron de Chile con la medalla de oro y el único boleto para la Copa América de la categoría. Matemática pura.

Un grito de resarcimiento

No siempre se tienen ejemplos tan claros como este título sudamericano. El Comuneros pertenece a la memoria del deporte paraguayo y su intento por hacerlo renacer va más allá de un simple clamor de los nostálgicos, va de la mano con los resultados.

El COP representa una posibilidad en el presente, pero no es una casa propia del básquet paraguayo. No son escenarios idénticos ni épocas comparables en todos sus aspectos, aunque ambos engloban la idea central de este texto: tener una casa donde formar deportistas y construir selecciones.

Quizás este título sirva para reencauzar ideas en el municipio de Asunción y de una vez por todas permitan el resarcimiento al gran daño que se causó con la pérdida del Comuneros; o quizás estas nuevas autoridades ni se den por enteradas del logro deportivo de estos chicos. Pero lo cierto y lo concreto es que sí sirve para demostrar que Paraguay puede competir y ser campeón cuando tiene una casa para crecer y evolucionar.

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