El fútbol premia el carácter, la resistencia táctica y el oportunismo voraz. En la tarde del Arsenio Erico no hubo cálculo mezquino ni especulación, hubo vértigo puro. Nacional y Sportivo Trinidense protagonizaron un duelo de intensidad electrizante, digno de una final anticipada, donde el equipo de José Arrúa demostró que su ambición en este Clausura no es casualidad, sino una realidad palpable.
El libreto del compromiso se escribió con el pulso acelerado. Nacional, consciente de que tenía en sus manos la inmejorable ocasión de adueñarse en solitario del liderato –a la espera del cruce entre Olimpia y Ameliano–, asumió el protagonismo territorial. El Tricolor generó volumen ofensivo y acarició el gol en reiteradas ocasiones, pero enfrente se topó con un Trinidense intratable.
El planteamiento de Arrúa fue audaz: lejos de meterse atrás, respondió a cada embestida alba con réplicas letales. El 0-0 de la etapa inicial fue un espejismo sostenido únicamente por el formidable trabajo de los arqueros y el rigor defensivo de ambos lados.
La tensión alcanzó su punto de ebullición en el complemento. El VAR le arrebató el primer festejo a Junior Gamarra al detectar que el balón había traspuesto la línea de cal previamente, un fallo que parecía enfriar las aspiraciones del visitante. Sin embargo, el fútbol concede segundas oportunidades a quienes no renuncian a buscarlas.
A los 92 minutos, cuando el empate parecía sellado, brotó la jerarquía y la lucidez de Néstor Camacho para liderar un contragolpe quirúrgico. Tras un rebote cedido por el golero “Killi” Rojas, apareció nuevamente Gamarra en el sitio exacto para empujar la pelota a la red y decretar el golpe de gracia. Gol, desahogo y justicia para un equipo que compitió sin complejos hasta el último suspiro.
El triunfo de Trinidense no representa una simple cosecha de tres puntos; es un golpe sobre la mesa. Con este resultado, el “Triqui” alcanza la línea de los 30 puntos junto a pesos pesados como Olimpia y Libertad, despojando a Nacional de su noche soñada y configurando un triple empate en la cúspide que transforma el campeonato en un certamen impredecible y apasionante. El título no tiene dueño reservado; Trinidense avisó que piensa dar pelea hasta el final.


