La Juventus atraviesa uno de sus momentos más delicados de la temporada y Luciano Spalletti comienza a quedarse sin respuestas. La contundente derrota por 3-0 ante la Lazio, en Turín, no solo golpeó al conjunto blanquinegro en la tabla, sino que también expuso problemas futbolísticos y señales de desgaste dentro del vestuario.
Tras siete jornadas de la Serie A, el equipo suma 11 puntos y se encuentra a ocho unidades de los líderes, Inter y Lazio. El balance preocupa, especialmente porque la Juventus había acumulado 12 puntos en el mismo tramo de la campaña anterior, cuando Igor Tudor todavía estaba al frente.
Sin embargo, el principal inconveniente no se limita a los números. La falta de ritmo, las dificultades para generar espacios y la escasa eficacia ofensiva alimentan las críticas.
La ausencia de un delantero centro que marque diferencias también pesa, mientras la salida de Dusan Vlahovic dejó interrogantes sobre las alternativas disponibles para ocupar esa función.
El malestar alcanzó su punto más delicado después del encuentro contra la Lazio. Gleison Bremer cuestionó públicamente la actitud de algunos compañeros, al señalar que existen futbolistas que se esconden cuando llegan las críticas, mientras otros afrontan la presión y dan la cara.
Spalletti respondió que el análisis debe comenzar por uno mismo y recordó que él también forma parte de la responsabilidad colectiva. El cruce, lejos de despejar las dudas, alimentó la preocupación por el clima interno de la plantilla.
Con los hinchas expresando su descontento y el rendimiento lejos de las expectativas, el entrenador necesita encontrar soluciones futbolísticas y recuperar la confianza del grupo. La Juventus todavía tiene margen para reaccionar, pero la crisis ya no se explica únicamente por los resultados: también están en juego la autoridad del técnico y la unidad del vestuario.
LEA TAMBIÉN: Candente lucha por entrar a Copas


