Paola Ferrari, considerada la mejor basquetbolista paraguaya de todos los tiempos, decidió darse un último baile en el básquetbol nacional. Volvió a las canchas con Olimpia, impulsada por el cariño de su familia y por un propósito que trasciende cualquier resultado: ser guía y ejemplo para las nuevas generaciones.
Después de más de dos décadas de carrera internacional, destacándose en distintos países, Ferrari contó en el programa Foul & Vale, de La Tribu Deport 1120 AM, que su familia quería volver a verla jugar en casa. Disfrutarla desde las tribunas, sin la distancia que durante tantos años impuso su trayectoria en el extranjero, fue uno de los motivos que la animaron a regresar.
Pero también hay otra misión que la anima a continuar.
De admirarla por televisión a jugar a su lado
El viernes, en el partido entre Olimpia y San José, se vivió una imagen que explica el valor de este regreso. Paola terminó compartiendo la cancha con cuatro compañeras que no superaban los 14 años. Niñas que antes la veían jugar por televisión y que ahora la tienen como compañera y referente.
Para ellas, la experiencia en única. Es la oportunidad de observar de cerca sus movimientos, aprender de sus hábitos y descubrir cómo se construye una carrera que llevó a una paraguaya a competir durante tantos años en el exterior.
Una cosa es transmitir desde las frías palabras, otra muy diferente desde el ejemplo, con lo hace Pao, mostrando desde la disciplina, la preparación, y el compromiso, hasta la misma pasión que exige este deporte.
Quizá este regreso sea un último baile, pero su significado va más allá de la despedida. Paola volvió para disfrutar del básquetbol en casa, cumplir un deseo familiar y acompañar a las que vienen detrás.


