El encuentro tuvo como principales ingredientes la velocidad, la intensidad en la marca y un ritmo sostenido de principio a fin. El equipo dirigido por Pablo Fornasari afrontó el compromiso con una actitud propia de una final, mostrando protagonismo tanto en defensa como en ataque y disputando cada pelota con determinación. Esa postura le permitió complicar a su rival y encontrar la ventaja en el marcador.
A los 24 minutos de la primera etapa, el árbitro sancionó un penal a favor del dueño de casa, que José Barrios transformó en gol con una ejecución precisa, engañando por completo al arquero Víctor Samudio. El 1-0 alimentó la ilusión del Rayadito, que comenzó a acariciar la posibilidad de festejar por primera vez en el campeonato.
En la complementaria, Sportivo Trinidense salió decidido a cambiar la historia. Con los ingresos de Luis Abreu y Nicolás Maná, el conjunto dirigido por José Arrúa ganó impulso y adelantó sus líneas en busca de la igualdad. El visitante insistió, presionó y arriesgó en su afán de llegar al gol, aunque durante buena parte del segundo tiempo chocó con la resistencia de un San Lorenzo que defendía con uñas y dientes una ventaja que valía mucho más que tres puntos.
Sin embargo, cuando la victoria del Rayadito parecía consumada y la celebración estaba a punto de desatarse en las gradas del Gunther Vögel, llegó el golpe inesperado. En el último minuto de adición, Gustavo Viera apareció en el área para conectar de cabeza un rebote que previamente había dado en el poste del arco defendido por Luis Franco.
Fue el empate agónico del Triqui y un baldazo de agua fría para San Lorenzo, que volvió a quedarse con las manos vacías en su intento de conseguir su primer triunfo en el Clausura. Un punto para cada uno, pero sensaciones muy diferentes; alivio para Trinidense y una nueva frustración para un Rayadito que sigue sin conocer la victoria.


