El arranque de la temporada 2026/27 de LaLiga dejó al Real Madrid en una situación crítica que trasciende las sensaciones futbolísticas y se apoya en los números. La derrota por 2-1 ante el Atlético de Madrid en el Metropolitano certificó el segundo tropiezo en apenas siete fechas para el conjunto dirigido por José Mourinho, una dinámica que, según los antecedentes estadísticos del torneo doméstico, redujo al mínimo el margen de error para pelear por el campeonato.
Mientras el FC Barcelona mantuvo un ritmo arrollador con paso perfecto en el liderato, el equipo merengue quedó relegado a seis puntos de distancia.
Históricamente, remontar una desventaja de este calibre en el primer tramo del curso representó un desafío casi inalcanzable en la era moderna de LaLiga. Pese a las incorporaciones estivales y al regreso del técnico portugués para restaurar el orden, la plantilla mostró severas dificultades para consolidar una estructura colectiva eficaz.
Tras el tropiezo en el derbi, las explicaciones desde la caseta se centraron nuevamente en las protestas por el arbitraje de Miguel Ángel Ortiz Arias y la actuación del VAR. Sin embargo, el propio Mourinho admitió en rueda de prensa las carencias del equipo en el césped, señalando la falta de intensidad defensiva del trío ofensivo compuesto por Kylian Mbappé, Vinicius Júnior y Jude Bellingham como un problema estructural sin resolver.
Las críticas más agudas recayeron sobre el rendimiento de Vinicius Júnior, sustituido en el minuto 54 tras otro choque discreto, lo que encendió el debate sobre la planificación deportiva del club.
Con el parón internacional en el horizonte, la afición y la prensa reclamaron un giro táctico inmediato antes de retomar la competición frente al Villarreal y afrontar la Champions League, en un escenario donde las estadísticas ya no conceden más concesiones.


