El sueño que Diego Domínguez había perseguido desde que el Rally del Paraguay ingresó al calendario del Campeonato Mundial finalmente se hizo realidad. Y no fue una victoria cualquiera. El piloto paraguayo, acompañado por el español Rogelio Peñate, llevó al Toyota GR Yaris Rally2 hasta lo más alto de la WRC2, ganó de punta a punta, con estilo, conciencia y, principalmente, muñeca para manejar.
Desde el primer tramo quedó claro que Domínguez no estaba dispuesto a conformarse con ser un protagonista más. En Cambyretá 1 marcó 14:39.5, el mejor tiempo absoluto de la especial, superando incluso a varios de los poderosos Rally1 oficiales. Fue la primera señal de lo que vendría.
El ritmo continuó en las siguientes pruebas. Domínguez volvió a ser el más rápido de los Rally2 en Nueva Alborada y Yerbateras, mientras se instalaba entre los cinco primeros de la clasificación general. Al cierre de la primera etapa terminó sexto en la general y con una ventaja de 39,4 segundos sobre Gus Greensmith en WRC2. Había conseguido, además, tres triunfos consecutivos en especiales y comenzaba a construir una diferencia que luego sería fundamental.
Una victoria a prueba de todo

La segunda etapa presentó un escenario diferente. Con la tormenta de la madrugada del sábado, las condiciones de los caminos cambiaron y Domínguez entendió que ya no era necesario atacar en cada curva. La prioridad pasó a ser conservar el auto, evitar errores y administrar la diferencia.
Pero en medio de esa estrategia apareció uno de los episodios más curiosos de su carrera. Después de completar la SS10, perdió sus lentes y comenzó a tener dificultades para afrontar los siguientes tramos. “Estoy perdiendo confianza sin mis gafas”, reconoció durante la transmisión del WRC.
La situación podía convertirse en un problema serio. Sin embargo, Domínguez y Peñate siguieron adelante, cuidaron el Toyota y sostuvieron la punta de la categoría. El británico Greensmith intentó recortar diferencias durante el sábado, pero el paraguayo respondió sin entrar en una batalla innecesaria.
El domingo llegó con una ventaja de 24,3 segundos. En el primer tramo del día volvió a ampliarla en 5,9 segundos y, aunque Greensmith consiguió recuperar algo en Artigas, la diferencia seguía siendo suficiente. La especial previa al Power Stage fue neutralizada por el accidente de Takamoto Katsuta y Domínguez solo tuvo que completar el último tramo para consumar la victoria.
El resultado final fue contundente: 3h.21:9 segundos, 22,7 segundos de ventaja sobre Greensmith y 2:42.5 sobre otro paraguayo, Alejandro Galanti, que completó el podio de la WRC2.
Cinco veces el más rápido

La victoria tampoco fue producto de una carrera conservadora. Domínguez ganó cinco de las 21 especiales disputadas: Cambyretá 1, Nueva Alborada 1, Yerbateras 1, Cambyretá 2 y la Super Especial Encarnación Costanera.
Y mientras dominaba su categoría, también se daba el gusto de competir contra máquinas de mayor potencia. Terminó séptimo en la clasificación general, mezclándose durante buena parte de la carrera con los Rally1 y demostrando que su manejo al mando del Toyota Rally2 estaba a la altura de un desafío mundialista. El WRC destacó precisamente ese séptimo puesto como parte de la dimensión de su triunfo.
Todos estos números quedan pequeños frente al significado. Domínguez se convirtió en el primer paraguayo en ganar una carrera en una categoría del Campeonato Mundial de Rally. Lo hizo con su gente al costado de los caminos y con la bandera de Paraguay en la ventana del auto.
La historia no podía tener un escenario mejor. El Rally del Paraguay llegó al Mundial el año pasado para mostrar sus caminos y en esta edición ya demostró su calidad, con Diegui Domínguez que se encargó de poner la bandera tricolor en lo más alto.


