Desde las primeras horas, los tramos de la carrera se fueron llenando de aficionados. Muchos instalaron sus campamentos cerca de los sectores habilitados, prepararon el infaltable asado, compartieron música y aguardaron durante horas por ese instante en el que el rugido de un Rally1 rompía el silencio y obligaba a todos a levantar la mirada.

Las banderas paraguayas fueron protagonistas en los caminos, acompañadas por camisetas, carteles y todo tipo de elementos que le dieron un color especial a la jornada. Familias enteras, grupos de amigos y aficionados llegados desde distintos puntos del país convirtieron cada especial en una verdadera fiesta.

La imagen que quedó fue la de una afición entregada al rally. Una multitud que sabe que los autos pasan en segundos, pero que el recuerdo queda para siempre. Esa, justamente, es la cultura motor del público paraguayo que tanto ponderan desde el extranjero.



