Si hubo una palabra que se repitió una y otra vez en las entrevistas de los grandes protagonistas del Rally1 durante el Rally del Paraguay, esa palabra fue pasión. Una palabra sencilla, pero que resume como pocas lo que volvió a demostrar el público paraguayo a lo largo de los tramos; entusiasmo, apoyo y una enorme algarabía, siempre dentro de las reglas.
Como ocurrió el año pasado, miles de aficionados acompañaron la competencia desde los caminos y convirtieron cada paso de los autos en un espectáculo aparte.
Los propios pilotos internacionales fueron los encargados de poner en palabras esa sensación. En cada entrevista aparecía la misma expresión para describir lo que encontraron en Paraguay: pasión. El entusiasmo de la gente, las banderas, los campamentos y las largas esperas fueron parte del paisaje de una carrera que rápidamente se ganó un lugar especial dentro del calendario mundial y que, como dice el título de la nota, enamoró a todos y cada uno de los corredores desde el primer día.
Ya el año pasado, el presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, había destacado precisamente ese aspecto al hablar de la afición paraguaya y de lo que buscan los responsables del Mundial al momento de elegir sus escenarios. “La pasión no se puede forzar. Se tiene o no se tiene, pero no se puede forzar”.
La frase tomó todavía más sentido durante esta segunda edición. Aficionados que llegaron días antes a los tramos, que armaron sus carpas y esperaron durante horas por apenas unos segundos de acción. Todo por ese instante fugaz en el que un auto de Rally1 aparece, pasa frente a ellos y desaparece nuevamente entre el polvo.
Allí, justamente en esa imagen, reside todo el ADN motor de Paraguay, un país que vive el rally como ningún otro.


