Bajo una copiosa lluvia caída en la ciudad capital, Palmeiras volvió a vestirse de verdugo para clasificar a los cuartos de final de la Copa Libertadores, dejando en el camino una vez más a un combativo pero ineficaz Cerro Porteño. Un certero golpe de cabeza del defensor y capitán Gustavo Gómez fue suficiente para dictar la sentencia definitiva del encuentro.
El inicio del partido mostró la versión más ambiciosa del Ciclón. Desde el pitazo inicial del árbitro principal Facundo Tello, el conjunto azulgrana asumió el protagonismo, adueñándose del balón y arrinconando al equipo brasileño en su propio campo. Sin embargo, a pesar de merodear constantemente el área rival y generar claras aproximaciones, careció de la profundidad y la tiza necesaria en los últimos metros para romper el cero.
Cuando el primer tiempo agonizaba y Palmeiras prácticamente no había pisado el terreno enemigo, la jerarquía del cuadro visitante inclinó la balanza. En su primer avance de peligro, un tiro de esquina medido encontró la fisonomía aérea de Gustavo Gómez; el central paraguayo conectó un potente testazo que dejó sin opciones al guardameta Manuel Roffo para decretar el gol de la victoria.

En el complemento, el Verdão hizo gala de su oficio internacional. Con la ventaja en el marcador global, manejó con inteligencia los hilos del encuentro, controlando los espacios en el gramado y administrando el ritmo físico sin renunciar por completo a la contra. Pese a las variantes ofensivas introducidas por el estratega azulgrana Ariel Holan, el esquema local no logró desestabilizar la muralla defensiva de Palmeiras, que además contó con las intervenciones clave del portero Carlos Miguel para ahogar cualquier grito de gol.
En los minutos finales, Cerro Porteño apeló al amor propio y volcó sus líneas al ataque con desesperación buscando el tanto que forzara la definición por penales. No obstante, la zaga paulista aguantó con solvencia hasta el silbatazo final, consumando una nueva eliminación prematura para el Ciclón de Barrio Obrero en el certamen continental.
La terna arbitral estuvo encabezada por el réferi Facundo Tello, asistido en las bandas por Juan Belatti y Gabriel Chade. Nazareno Arasa actuó como cuarto árbitro, mientras que la cabina del VAR estuvo bajo la gestión de Héctor Paletta y Nicolas Lamolina, todos de nacionalidad argentina.


