La Copa del Mundo 2026 terminó hace apenas unos días, pero el foco del fútbol internacional ya comenzó a desplazarse hacia el centenario de 2030. La organización conjunta entre España, Portugal y Marruecos, con los partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay, tiene todavía varios capítulos por resolver, incluido el más importante de todos: ¿dónde se jugará la gran final?
Hoy, la pulseada tiene dos protagonistas. De un lado aparece el renovado Santiago Bernabéu, la casa del Real Madrid y uno de los estadios considerados como verdaderos templos del fútbol mundial. Del otro, el imponente Gran Estadio Hassan II que Marruecos levanta en Benslimane, cerca de Casablanca, con la intención de convertirse en el recinto futbolístico más espectacular jamás construido. La FIFA todavía no tomó una decisión y la definición promete extenderse durante los próximos mucho tiempo más, se especula que recién en 2029.
Para España, el desafío tiene un condimento especial. La Roja llegará al Mundial 2030 como vigente campeona del mundo, luego de su reciente conquista en Norteamérica. Nunca antes una selección organizó una Copa del Mundo defendiendo la corona, una condición que aumenta la ilusión de repetir el éxito y alimenta el deseo de que la final se dispute en suelo español. Tener el partido decisivo en casa representaría un impulso deportivo, logístico y emocional para un seleccionado que buscará enlazar dos títulos consecutivos, una hazaña que no se materializa desde 1962.
Sin embargo, Marruecos no piensa ceder protagonismo. El país africano convirtió al Gran Estadio Hassan II en su carta más fuerte para convencer a la FIFA. El recinto tendrá capacidad para unas 115.000 personas, lo que lo convertirá en el estadio de fútbol más grande del mundo. Además, incorporará una pantalla LED cercana a los 2.500 metros cuadrados, considerada sin precedentes, preparada para ofrecer repeticiones en ultra alta definición, estadísticas en tiempo real, animaciones inmersivas y espectáculos audiovisuales de última generación.
El proyecto también contempla cinco niveles de hospitalidad, más de 12.000 ubicaciones VIP y una infraestructura diseñada específicamente para albergar una final mundialista. Cada detalle marca diferencia con lo que actualmente se tiene en el mundo, incluso mejorando lo presentado por el SoFi Stadium este año en el Mundial que acaba de terminar. Marruecos está decidido a quedarse con el partido más importante del torneo.
La discusión trasciende lo deportivo. La final representa prestigio internacional, miles de millones de dólares en impacto económico, turismo, promoción del país y una exposición global incomparable. Por eso la elección del escenario se convirtió en una verdadera competencia paralela entre dos candidaturas que presentan argumentos de peso.
Mientras Europa y África pelean por el encuentro decisivo, Paraguay sigue muy atento a cada movimiento. El futuro estadio de Olimpia albergará el partido correspondiente a la celebración del centenario, pero la posibilidad de ampliar el Mundial a 64 selecciones abre una ventana que hasta hace poco parecía imposible.
La propuesta impulsada desde la Conmebol para una edición excepcional del centenario plantea un torneo con más participantes y un calendario más extenso. De concretarse, la FIFA debería redistribuir parte del programa de partidos y Sudamérica podría recibir una mayor cantidad de encuentros. En el caso paraguayo, el escenario más optimista incluso contempla la organización de una fase de grupos completa, con seis partidos, en lugar del único compromiso previsto actualmente. Por ahora no existe una decisión oficial, pero el debate ya forma parte de la agenda de la FIFA y de los países organizadores. De concretarse, el recinto franjeado no será suficiente y se deberán ver otros para cumplir con las exigencias de esos eventuales compromisos.
Faltan todavía varios años para el puntapié inicial del Mundial 2030. Sin embargo, la primera gran final ya comenzó a jugarse fuera de la cancha. España exhibe la fuerza de un campeón del mundo y la tradición del Bernabéu. Marruecos responde con una obra monumental que promete cambiar el concepto de estadio moderno. Y Paraguay, mientras tanto, espera que la celebración del centenario termine abriéndole la puerta a un protagonismo todavía mayor.


