Arsenio Erico, casi medio siglo sin la leyenda paraguaya

Hoy se cumplen 49 años de la muerte del “Saltarín Rojo”, considerado por muchos el mejor futbolista paraguayo de todos los tiempos. Sus récords, su talento y su legado continúan intactos casi medio siglo después.

| Por Rodrigo Raúl López Riquelme
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Arsenio Erico, el mejor futbolista paraguayo de todos los tiempos.

Hace 49 años, un 23 de julio de 1977, el fútbol paraguayo perdió a su máxima leyenda. Arsenio Pastor Erico fallecía en Buenos Aires, pero su nombre nunca dejó de sonar en las canchas del continente. Casi medio siglo después, el “Saltarín Rojo” continúa siendo el punto de referencia con el que se mide a cada gran futbolista paraguayo que aparece.

Formado en Nacional, Erico comenzó a escribir su historia en plena Guerra del Chaco. Cuando intentó alistarse para combatir, su corta edad se lo impidió. En cambio, integró un combinado de futbolistas que realizó una gira por Argentina y Uruguay para recaudar fondos destinados a la Cruz Roja Paraguaya. Aquella misión solidaria cambió su vida y, sin saberlo, también la historia del fútbol paraguayo y sudamericano.

Su talento cautivó a Independiente de Avellaneda, donde construyó una carrera espectacular. Con 295 goles en la Primera División argentina, cifra que hasta hoy intentan superarla con datos inchequeables, lo convirtió en el máximo goleador histórico del profesionalismo.

Su campeonato de 1937 donde anotó 47 goles en 34 partidos, sigue siendo un punto de referencia para los artilleros hasta la fecha, ningún otro delantero tuvo un mejor promedio de gol que ese.

Más allá de las recientes discusiones estadísticas sobre quien es el máximo anotador de la historia, ya que desde el vecino país intentan instalar a Ángel Labruna como artillero de todos los tiempos, su condición de máxima leyenda del club de Avellaneda permanece inalterable.

Pero su talento no se encasillaba solamente en los goles, era un artista, un bailarín, un atleta en todas las facetas. Su extraordinaria capacidad de salto, la plasticidad de sus movimientos y la facilidad para definir de cualquier manera hicieron que recibiera apodos como “Saltarín Rojo”, “Hombre de Goma” y “Trampolín de América”. Quienes lo vieron jugar aseguran que estaba varias décadas adelantado a su tiempo.

Alfredo Di Stéfano, una de las máximas figuras de la historia del fútbol, lo definió con palabras que aún resuenan: “Erico es diferente a todos, a todo lo que vi. Un jugador notable... un gran artista”. Un elogio que resume la admiración que despertó entre sus propios colegas. Contado por un hombre que vio a todos, a Pelé, a Diego Maradona, a Johan Cruyff, sin embargo, para él, Erico era mejor que todos ellos.

El mejor embajador que tuvo el balompié nacional sigue siendo, casi cinco décadas después de su partida, el incomparable Arsenio Erico, el gran “Saltarín Rojo”.

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