Esta es la loca idea que me vino a la mente: Si este ambiente superlativamente futbolístico trascendiera más allá de la atmósfera de nuestra Tierra y un extraterrestre descendiera este domingo en el casco antiguo de Asunción, se haría de la idea que está en suelo argentino.
Y es que la más hermosa arteria de nuestra histórica ciudad capital, lucía su sempiterna belleza con un nuevo atavío y colorido, teñida casi totalmente de albiceleste.
Los vendedores ambulantes en sus puestos de venta mostraban remeras, gorros, bufandas de diferentes tamaños y diseños, con los colores de la selección de Lionel Messi.
Caminando desde Colón en dirección a la Plaza Uruguaya, solo se dibujaba el mismo paisaje, acrecentada por transeúntes y parroquianos reunidos en lugares gastronómicos también vestidos con los mismos colores.
Me pregunté si encontraría alguna identificación con la Madre Patria y nada aparecía, hasta que a una cuadra de distancia del Panteón de los Héroes, divisé dos grandes banderolas rojas: “Al fin – me dije – España presente también”. Llevaba inscripciones que no alcanzaba a leer – en parte por mis cataratas y en parte por el fuerte viento que agitaba los paños. Ubicado bien cerca alcancé a leer: “Museo de la Economía”. Tampoco tenía que ver con la “Furia Roja”.
Ya próximo a terminar mi recorrido, le pregunto a uno de los ambulantes: “¿Naidpori la remera pytá?”. El hombre entonces, puso una pequeña camisetita de niño roja encima de una XL albiceleste. Y sonriente me respondió: “Oí aveí”.
Es difícil medir el favoritismo de una afición que no concibe ser neutral, a no estar su equipo del corazón y siempre vuelca su afecto hacia un lado. Pero lo que vi en Palma y preguntando a la mayoría de los compatriotas, la balanza se inclina hacia el lado albiceleste.
Al menos, categóricamente y sin ninguna duda, en la principal calle del casco histórico de nuestra capital, Argentina le ganó a España por goleada.
En Norteamérica 2026 el desenlace fue diametralmente opuesto. El gran campeón fue el seleccionado de España
Distinto panorama en el “Luneró”
La caminata de lunes fue diferente, perfecta antítesis del día anterior, empezando por las abundantes nubes que tapaban el sol, como una alegoría de lo que había pasado en la final balompédica reciente.
Los vendedores ambulantes tomaron día descanso. Ni siquiera uno apareció dejando el microcentro vacío del albiceleste y colorido atavío de la jornada precedente. Ni una sola bandera, camiseta, bufanda o cualquier tipo de vestimenta y souvenir con los colores argentinos.
De repente llegando en diagonal al Panteón, a la altura de Chile, seguían flameando las banderolas del Museo de Economía, con el mismo rojo tono del uniforme hispano, mientras enfrente, en la galería del banco de la Nación Argentina, embriagada de una absoluta soledad, no quedó testimonio alguno de lo que horas atrás era un ambiente totalmente distinto, brindando un decorado perfectamente apropiado para merecer la definición de “luneró”.


