La selección española ha construido su campaña sobre una identidad de juego clara, con la posesión del balón, intensidad para recuperar, movilidad constante y una notable eficacia en los momentos decisivos.
Frente a Francia dominó el desarrollo del encuentro de principio a fin, neutralizó a Kylian Mbappé y al resto de las figuras galas y dejó la sensación de ser un justo finalista; todo esto, acompañado de una hinchada que, en este último compromiso, incluso se dio el tupé de corear ¡olé, olé!, en cada jugada de su selección.
En la concentración de “La Roja” reina un clima de serenidad y optimismo. El plantel se encuentra en buenas condiciones físicas, sin mayores contratiempos, mientras el cuerpo técnico ajusta los últimos detalles con la ilusión de levantar nuevamente el trofeo más importante del fútbol mundial.
La confianza es alta, pero también existe el convencimiento de que todavía queda el paso más difícil: superar la final.
España buscará conquistar su segundo título mundial, después del histórico conseguido en Sudáfrica 2010, y convertirse en la primera selección en inscribir su nombre en la nueva era del Mundial con 48 participantes, un formato que amplió la competencia, incrementó el número de partidos y reunió por primera vez a selecciones de todos los continentes en una edición sin precedentes.


