Una ola de frustración entre los aficionados, derivó en disturbios y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Hubo destrozos en la vía pública, incendios de mobiliario urbano y numerosos incidentes que obligaron a una rápida intervención policial para restablecer el orden.
En el aspecto futbolístico, el golpe fue igual de duro. Los dirigidos por Didier Deschamps no lograron encontrar respuestas ante el sólido planteamiento español y vieron esfumarse el sueño de conquistar una nueva Copa del Mundo.
Tampoco estuvo a la altura de las expectativas su máxima figura, Kylian Mbappé, quien fue bien controlado por la defensa española, demostrando una escasa incidencia en el desarrollo del juego individual y colectivo.
Ahora, con el orgullo herido, Francia deberá cambiar rápidamente el chip para afrontar el compromiso por el tercer puesto.


