Las nuevas reglamentaciones implementadas por la APF demuestran que el fútbol paraguayo está dispuesto a evolucionar. Sin embargo, la modernización no debería limitarse únicamente a las reglas del juego. También es momento de discutir el formato de los campeonatos.
Durante años se instaló la idea de que un torneo con menos equipos garantiza una mayor competitividad. Pero la realidad demuestra que no siempre ocurre así. Paraguay mantiene una Primera División de apenas 12 clubes, mientras decenas de futbolistas con condiciones permanecen ocultos en la Intermedia o deben emigrar para encontrar oportunidades.
Quizás llegó el momento de pensar diferente, de buscarle la vuelta para lograr mayor competitividad y menos desgaste.
Una Primera División de 16 equipos permitiría ampliar la base del fútbol profesional sin necesidad de saturar el calendario. El formato podría ser simple: dos torneos semestrales, ambos a una sola rueda de todos contra todos, 15 fechas para definir a los ocho mejores y, desde allí, cuartos de final, semifinales y final, todos a partido. En el peor de los casos, el campeón disputaría 18 encuentros, bastante menos que las 22 fechas que hoy tiene cada campeonato.
Todos saldrían ganando. Los clubes tendrían menos desgaste físico y menos costos operativos durante la fase regular. Los futbolistas contarían con un calendario más equilibrado y llegarían en mejores condiciones a las competencias internacionales. El público disfrutaría de una fase final emocionante con partidos decisivos, donde cada error tendría consecuencias; porque también sirve para eso, para que los futbolistas se entrenen en partidos de eliminación directa ya en casa, además de lo que ofrece la Copa Paraguay.
También cambiaría la pelea por las copas internacionales. Hoy, en muchos torneos, varios equipos aseguran tempranamente un lugar en la tabla acumulativa y administran sus objetivos. En una liga más amplia y con una clasificación más abierta, cada punto tendría mayor valor y la lucha por los boletos continentales se extendería hasta las últimas jornadas.
Hoy tenemos 12 equipos de los cuales ocho clasifican a copas sudamericanas y dos pierden la categoría. Son 10 de 12, dejando a solamente dos en el “limbo”. Esto se eliminaría con más equipos.
Pero el mayor beneficio estaría en otro lado; comienza el ciclo del Mundial 2030.
Cuatro equipos más significan aproximadamente 120 futbolistas adicionales en la máxima categoría. Son 120 jugadores que dejarían de actuar casi en el anonimato para mostrarse cada fin de semana en una competencia que se transmite al continente y al resto del mundo. La Intermedia cumple un papel fundamental, pero su exposición es incomparable con la de la Primera División. Si Paraguay quiere exportar más talento, primero debe darle una vidriera donde mostrarse.
Argentina ofrece un ejemplo que, aunque discutido, merece ser observado. Cuando Claudio “Chiqui” Tapia defendió el campeonato de 30 equipos, argumentó que un torneo más amplio generaba más oportunidades para los futbolistas argentinos y ampliaba la base de jugadores disponibles para las selecciones nacionales. Más allá de las críticas al formato, el tiempo encontró a la Albiceleste como campeona del mundo, bicampeona de América y nuevamente entre los cuatro mejores del planeta. Sería exagerado atribuir esos éxitos exclusivamente al torneo local, pero también sería injusto ignorar que una competencia con más lugares permite que más jugadores se desarrollen y lleguen al alto rendimiento.
Naturalmente, un cambio así debería ir acompañado de mejores exigencias en infraestructura, divisiones formativas y administración de los clubes. No se trata de aumentar la cantidad por aumentar, sino de ampliar oportunidades sin resignar calidad.
El fútbol paraguayo ya dio el primer paso al actualizar sus reglas. Tal vez el siguiente sea mucho más profundo: repensar el campeonato para que haya más equipos, menos partidos y, sobre todo, muchos más futbolistas paraguayos con la posibilidad de crecer en la principal vidriera del país.

