Hace apenas una semana defendía el arco de Paraguay frente a Francia en unos cuartos de final de la Copa del Mundo y le atajada dos mano a mano a quemarropa al mismísimo Kylian Mbappé. Este viernes, en cambio, volvió al lugar donde todo había empezado. Orlando Gill cambió el escenario mundialista por el estadio Gunther Vogel y encontró un emotivo recibimiento que difícilmente olvidará.
Cientos de personas se acercaron hasta la casa del Sportivo San Lorenzo para rendir homenaje al arquero que se convirtió en una de las grandes revelaciones de la Albirroja en el Mundial 2026. Había familias enteras, antiguos entrenadores, dirigentes, vecinos y, sobre todo, muchos niños con camisetas y guantes de arquero que esperaban una foto o un autógrafo del futbolista que hace no mucho recorría las mismas calles que ellos.

La Municipalidad de San Lorenzo y el club organizaron un reconocimiento para condecorar al héroe de la “Batalla de Boston”. Gill agradeció el cariño recibido y, lejos de quedarse con los elogios, prefirió mirar hacia atrás. Recordó a quienes lo acompañaron desde sus primeros pasos y mencionó especialmente a “Don Lucho”, el hombre que, según sus propias palabras, lo convenció de convertirse en arquero. “Gracias a él fui arquero; fue por su culpa todo esto”, expresó entre sonrisas.
El homenaje también sirvió para recordar el camino recorrido. Gill llegó al Rayadito en 2019, debutó en Primera División al año siguiente y desde allí inició un crecimiento que lo llevó al fútbol argentino y, posteriormente, a defender el arco de la selección paraguaya en la Copa del Mundo.

Los chicos que hoy llenaban las tribunas para saludar a Orlando Gill son los mismos que mañana volverán a jugar en las plazas, en las calles y en las canchitas del barrio y, tal vez, entre ellos esté el próximo arquero de la Albirroja.


