La revancha va a tener que esperar unos años más. Es que el fútbol tiene eso, le gusta escribir guiones a largo plazo. Nos toca de nuevo ser pacientes, el final de nuestra película mundialista no concluyó.
Nunca nos regalaron nada y en palabras de nuestro capitán Gustavo Gómez “todo nos cuesta el doble”. No es conformismo de la adversidad, es identificar los escenarios en los que nos toca bailar.
Hay una nueva generación que va a crecer con la sangre en los ojos. Como nosotros, cuando aquella flecha nos atravesó el corazón en el minuto 83 durante el partido entre Paraguay y España en Sudáfrica, 2010. David Villa, el nombre de nuestro verdugo, responsable de haber amarrado ese nudo en nuestras gargantas.
Hoy el verdugo es otro, pero el sentimiento es el mismo: “faltó tan poco”.
La mejor Francia de los últimos años que probablemente se convierta en el mejor seleccionado francés de su historia, no pudo en 90 minutos hacer tambalear a una muralla viva guaraní que se le plantó con dientes apretados, mirándole a los ojos, diciéndole cara a cara “para pasar de ronda tenés que matarnos”.
No es una mezcla de espíritu bélico con deportividad. Al contrario, es reconocer nuestra identidad, hacerla valer y dejarla en el césped cada vez que toque pisarlo, para cuando toque enfrentarnos, el rival sepa a quien se enfrenta.
Dijeron que “jugamos mal” y si por jugar mal hicimos que el equipo de superestrellas no haya podido generar una sola ocasión de gol en todo el partido, entonces jugamos pésimo.
Enfrentar a Paraguay para Francia significó un martirio. El único partido en el que el seleccionado francés no marcó tres o más goles: a Senegal le convirtió 3; a Irak 3; a Noruega 4; a Suecia 3… a Paraguay 1 y de penal.
Necesitaron un penal para ganar. Ni Mbappé, ni Dembélé, ni Olise. Los jugadores de los cientos de millones de dólares, completamente opacados por una muralla viva. Insultaron, hicieron tiempo, se burlaron, mostraron soberbia y creen que nos dejaron sin aliento, pero lo único que hicieron fue darnos más tiempo para volver más fuertes. La derrota es una sabia consejera.
Este 4 de julio del 2026 el mundo fue testigo de que Paraguay no es un equipo chico, es una nación de gigantes, que volverá para cobrar la deuda pendiente.


