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En las buenas y en las malas, al pie del cañón a pesar del frío

Miles de paraguayos acompañaron a la Albirroja desde la calle Palma y distintos puntos del país. La eliminación dolió, pero no alcanzó para borrar el orgullo por una campaña que volvió a ilusionar a todo un pueblo.

| Por Rodrigo Raúl López Riquelme
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“San Orlando Gill”, el nuevo héroe de la afición paraguaya.

El silencio que siguió al pitazo final contrastó con la ilusión que había acompañado toda la jornada. Miles de paraguayos volvieron a reunirse en la tradicional calle Palma para empujar a la Albirroja frente a Francia, convencidos de que otra hazaña era posible. Esta vez no alcanzó.

Desde temprano, el centro histórico de Asunción volvió a teñirse de rojo y blanco. Familias completas, grupos de amigos y niños con camisetas de la selección siguieron cada jugada con el corazón en la mano, alentando sin descanso a un equipo que volvió a dejarlo todo dentro de la cancha; desafiando al frío que no fue impedimento para que volver a unir a todo un pueblo detrás de la Albirroja.

La misma escena se repitió en plazas, bares y espacios públicos de Ciudad del Este, Encarnación, Villarrica, Pedro Juan Caballero y muchas otras ciudades del país. También en comunidades paraguayas instaladas en Estados Unidos, España y Argentina, donde ver a nuestra selección todos juntos era volver a sentirse como en casa.

La derrota marcó el final del camino en esta Copa del Mundo, pero no apagó el orgullo de un pueblo que volvió a sentirse protagonista en la máxima cita del fútbol.

La gran campaña de la Albirroja dejó identidad, compromiso y la certeza de que Paraguay volvió a competir entre los mejores del mundo. El sueño terminó, pero la unión de todo un pueblo es lo que nos llevará a sitiales de privilegio en el futuro; ese es el camino.

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