Panorama auspicioso luego del gran éxito. La selección nacional volvió a sonreír en un Mundial luego de 16 años. La resonante victoria 1-0 ante su par euroasiático, con el golazo de Matías Galarza, encaminó a la Albirroja a la siguiente fase de la Copa del Mundo 2026 y, también, hizo que recupere esa identidad que durante mucho tiempo acompañó a la selección: la garra guaraní.
Esa mística que apareció en tantas noches inolvidables volvió a hacerse presente. Un equipo que venía golpeado tras la derrota ante Estados Unidos respondió con carácter, orden y resistencia para quedarse con un triunfo que lo vuelve a poner en carrera.
Ahora, la mirada está puesta en la última fecha. Paraguay enfrentará a Australia, otro equipo con tres puntos, pero que actualmente tiene mejor diferencia de goles. La ecuación es bastante simple, una victoria asegura el pase directo como segundo del grupo, mientras que otro marcador podría dejar a la Albirroja con la calculadora en mano y dependiendo de la tabla de los mejores terceros.
Y allí aparece un detalle que puede ser determinante para sus aspiraciones: el calendario. El Grupo D finalizará después de otras cinco zonas, ya sabiendo las clasificaciones definitivas de ellos.
Paraguay llegará a ese partido conociendo los desenlaces de los grupos A, B, C, E y F; es decir, a sabiendas de las posiciones finales de aquellos equipos que también luchan por entrar entre los mejores terceros.
Esa información puede transformarse en una ventaja. La Albirroja podrá saber qué necesita realmente; si debe arriesgar por el triunfo o si un determinado resultado alcanza para avanzar. Incluso, si se dan algunos marcadores, podría concretar su clasificación antes del choque contra los oceánicos, ya que solamente cuatro de los terceros quedan eliminados del certamen.

No es la primera vez que Paraguay encuentra caminos difíciles en los Mundiales. La historia del fútbol paraguayo está llena de equipos que resistieron cuando todo parecía cuesta arriba. Desde aquellas gestas inolvidables del pasado, como los triunfos sobre Nigeria en 1998 y Eslovenia en 2002, hasta las batallas más recientes, como las contiendas en Eliminatorias Sudamericanas, la camiseta albirroja siempre tuvo una característica bien marcada, nunca darse por vencida.
La clasificación todavía no está asegurada, pero definitivamente el panorama cambió. Paraguay recuperó confianza, recuperó orgullo y recuperó esa energía que tantas veces lo llevó a desafiar a los gigantes.
La garra guaraní está de vuelta. Y aparece en el momento justo para seguir soñando con hacer el mejor Mundial de la historia.


