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Paraguay madrugó a Turquía y sigue soñando con la siguiente fase

La selección nacional dio una gran demostración de carácter y tumbó al combinado euroasiático por mínima diferencia para continuar con chances de clasificar a la segunda ronda de la Copa del Mundo 2026. Matías Galarza, a los 64 segundos, anotó el gol del triunfo guaraní.

| Por Rodrigo Raúl López Riquelme
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Galarza, acostado sobre el césped, recibe las felicitaciones de sus compañeros tras anotar el gol que se gritó en todos los rincones del país.

¿Desmotivado? ¡Para nada! Solamente 64 segundos fueron suficientes para demostrar que Mati Galarza estaba listo para la justa mundialista y callar muchas voces. Jugando con diez hombres desde la primera mitad, por la expulsión de Miguel Almirón, Paraguay consiguió una victoria estratégica para sus pretensiones dentro de la Copa del Mundo.

La Albirroja mostró parte de su prestigiosa garra en el arranque y consiguió golpear temprano, casi de vestuarios. Confiado, el cuadro antagónico comenzó tocando en su propio campo sin contar con la atosigante presión paraguaya.

En la primera pelota recuperada, Miguel Almirón tocó para Julio Enciso que pivoteó cerca de la media luna para habilitar a Galarza que venía de frente. El volante, sin dudar, acomodó el balón y sacó un zurdazo rasante y esquinado que se metió en el arco turco.

Un sablazo bien direccionado que, quemando el pasto del Levi’s Stadium, desató la locura guaraní en ese recinto y en todos los rincones donde la camiseta albirroja era llevada con orgullo.

Así como le hizo muy bien, el gol también fue contraproducente para las intenciones de Paraguay. A partir de allí, los dirigidos por Gustavo Alfaro se replegaron atrás y cedieron la tenencia del esférico al contrario, convirtiendo el juego en un monólogo euroasiático, pero, para suerte nuestra, sin precisión en el último toque.

A pesar del escenario sumamente adverso, en cuanto a posesión del balón, la Albirroja supo generar la más clara para volver a mover el tablero en un contragolpe que finalizó Juan José Cáceres con un potente remate a la humanidad del portero Ugurcan Cakir.

Los sofocones también llegaron. Paraguay no es Paraguay si no sufre. Un cabezazo turco que pegó en el travesaño y el palo fue la primera señal de que la concentración no se podía negociar en la noche californiana.

La Albirroja presentó un cerrojo impenetrable para los rivales, con capacidad de desdoble rápido y chances de volver a golpear por la vía del contragolpe. Sin embargo, todo el plan se vino abajo en el ocaso de la primera mitad con la expulsión de Almirón.

Inaugurando la nueva reglamentación, el “10″ albirrojo vio la tarjeta roja por taparse la boca al hablar con un rival. El VAR observó la jugada e informó al juez central, de muy discreta labor, que dudó en expulsarlo.

Esta acción cambió totalmente el panorama para la complementaria, donde los cambios de Alfaro fueron defensivos en busca de mantener la escasa ventaja.

Ya allí, todo paraguayo aguantaba la respiración en los continuos ataques turcos, menos nuestros protagonistas que nunca perdieron la concentración, repeliendo el peligro en cada incursión otomana.

Más allá de la situación, Paraguay supo inquietar a la retaguardia rival. Incluso, hasta el tramo final, de los dos equipos era el que generó las mejores chances.

Justamente en ese lapso, Turquía apretó y fue decididamente arriba en busca del empate, pero la enorme figura de Orlando Gill; que tapó un par de pelotas de gol; y la mala puntería hicieron que todos sus intentos sean en vano.

Al final, Paraguay consiguió un triunfo con tinte épico, de esos que levantan la moral y ayudan a mirar lo que viene con ilusión.

Con tres unidades, ahora comparte el segundo lugar del grupo con Australia, justamente su siguiente rival en la tercera fecha donde intentará sellar el pasaporte a la segunda ronda.

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