El resultado quedará escrito en los libros, pero lo que ocurrió alrededor del partido de Paraguay frente a Estados Unidos dejó una imagen todavía más emocional. Durante unas horas, un país entero volvió a sentirse parte de algo común. La camiseta albirroja fue el punto de encuentro de millones de paraguayos.
Desde temprano, las calles de Asunción comenzaron a teñirse de rojo y blanco. La rutina quedó completamente alterada. Avenidas que habitualmente están cargadas de vehículos quedaron vacías, comercios ajustaron sus horarios y la ciudad entera quedó pendiente de una sola cosa: el regreso de Paraguay a una Copa del Mundo.

En el corazón de la capital, la calle Palma, se convirtió en uno de los grandes escenarios de la fiesta. Desafiando incluso al frío y a la amenazante lluvia, familias enteras, grupos de amigos y aficionados de todas las edades se reunieron para vivir el partido juntos, con banderas, camisetas y la emoción de volver a ver a la Albirroja en el torneo más importante del planeta.
La misma energía se trasladó a la Costanera de Asunción, donde la Casa Albirroja recibió a cientos de compatriotas que eligieron compartir el momento en comunidad. Cada jugada fue acompañada como si el equipo estuviera jugando en casa.

Pero la pasión no quedó solamente en Paraguay. En el SoFi Stadium de Los Ángeles, alrededor de 5.000 paraguayos dijeron presente para acompañar al equipo de Gustavo Alfaro desde las tribunas. Muchos llegaron desde distintos puntos de Estados Unidos para cumplir un sueño: ver a la selección nuevamente en un Mundial.
Allí, igual que en Asunción, todos tenían la misma camiseta, el mismo sentimiento y la misma ilusión.
El regreso de Paraguay a la Copa del Mundo fue una demostración de identidad, de sentido de pertenencia y de unión. Una nación entera empujando hacia el mismo lado.
Paraguay soñó y peleó por este momento. Y 16 años después volvimos a vivir ese clima mundialista en diferentes puntos del país.









