Un ex presidente de la Confederación Paraguaya de Basquetbol, justamente el conductor de la entidad a tiempo de la triste tragedia de la caída del techo del estadio Comuneros aquella nefasta siesta del 26 de enero de 1978, don Gerardo S. Fisch, primer compatriota miembro FIBA, describía con pleno convencimiento: “El paraguayo no es ni mejor ni peor que nadie, es DISTINTO”.
Parafraseándolo, confirmando esas afirmaciones agregaría que también, aparte de diferente, peculiar, es ÚNICO, en el más amplio sentido de la expresión como se aprecia en este dilatado caso Comuneros.
Es único porque habita un país que a tiempo de aquel doloroso episodio, era el UNICO en el planeta, que contaba no con uno como ahora, sino con dos estadios propios de asociaciones deportivas nacionales: el de la Liga Paraguaya de Fútbol (hoy APF) y el Comuneros (propiedad de la CPB).
En el resto del orbe en el futbol se dan otros casos como el de Wembley en Inglaterra, propiedad de la FA, a cuyo ejemplo su par de Escocia adquirió el Hampden Park en Glasgow que ahora posee.
En el rugby, la WRU en Gales es propietaria del Principality Stadium. En Nueva York, la USTA administra la Arthur Ashe Arena y en Paris, la Federación Francesa de Tenis hace lo propio con Roland Garros.
Y paramos de contar.
A la fecha, en todo el mundo solo Paraguay figura como ex poseedor de un coliseo propio de una federación deportiva del deporte de la canasta.
El soñado Comuneros, una vez recuperado pasará de nuevo a ser el único estadio propio de una asociación de baloncesto, pues ni siquiera la tan afamada NBA cuenta con algo similar, siendo los escenarios donde se disputan sus celebres torneos de instituciones privadas. Y la mismísima Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) en su gigantesca sede de la ciudad de Mies, Suiza solo posee a la entrada de la “Casa del Basquetbol Patrick Baumann” un pequeño escenario de 3 x 3.
La mayoría de los estadios en nuestro continente y el resto del mundo pertenecen a municipios. Que paradoja: en Paraguay, la comuna de Asunción sepultó un estadio y jamás construyó otro ni permitió reconstruir lo que destruyó.
Esta singularidad que debiera merecer todo el reconocimiento, respaldo y cuidado de las autoridades. Pero exactamente es al revés, fue totalmente despreciada por ellas con una incalificable medida de expropiación, sin compensación alguna pese a dos fallos de la Corte Suprema de Justicia, que le obligan a cumplir lo que postergan por casi medio siglo.
Ovalema. Sin dar mas vueltas como calesita. Reclamamos ¡Comuneros ya!


