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Roland Garros, lejos de la perfección, exige respeto a quienes no dan el mismo trato

Una verdadera tormenta en un vaso de agua se desató en París en los medios internacionales e inundó las redes, al punto de volverse viral, a raíz de declaraciones formuladas por Dani Vallejo tras la derrota ante el francés Moise Kouamé.

| Por Pedro García Garozzo
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Momento repetido del partido entre Dani y el francés. Kouamé tirándose al campo sin recibir advertencias de la jueza.

El tenista nacional se quejó de la debilidad de la umpire brasileña Ana Carvalho en el manejo de actitudes de cierto sector del público fanatizado al extremo de perjudicar la actuación del tenista paraguayo durante el partido que perdió ante el juvenil francés.

Las expresiones vertidas por el compatriota fueron manipuladas y exageradamente magnificadas al punto de derivar en una sanción económica que aplicará el comité organizador del torneo, que preside la extenista top mundial Amelie Mauresmo, al término del certamen, cuyo monto no fue revelado.

Vallejo tuvo la grandeza de pedir disculpas ante los organizadores que duramente calificaron sus declaraciones a la prensa como improcedentes y exigieron más respeto a los jueces.

En partidos calientes y sobre todo cuando se juega un campeonato tan importante como este con interés superlativo de un público local o parcialista, hasta se considera casi normal que haya situaciones que provoquen posturas como la de Dani, que dio una opinión sobre una actuación que consideró desacertada de la jueza, a quien en momento alguno le faltó el respeto ni siquiera verbalmente.

Al contrario, aguantó situaciones como cuando el jugador francés tomaba sus extensos períodos de inacción inclusive echándose al suelo largamente, o cuando el público le hostigaba en pleno punto como el reglamento no lo permite (pero sí lo admitió la umpire), tolerando que interrumpan a voluntad, sin guardar silencio, los turnos de saque del compatriota.

Reconociendo que como el propio protagonista de este episodio lo hizo, hubiera sido ideal no emitir esas declaraciones, nada de lo que después pasó, hubiera ocurrido, pese a que Roland Garros y su organización no le dieron al tenista paraguayo la seguridad de gozar del mismo respeto que ellos exigen. Tampoco le han brindado el trato que se merecen a los máximos jugadores del mundo, lo que casi provocó un boicot debido a que la bolsa de premios de este Grand Slam llega apenas a un 15% de las ganancias que genera, bien por debajo de los otros torneos que alcanzan hasta 24%. Al final aceptaron jugar, pero bajo protesta y decidieron manifestar su repudio limitando su participación y la cantidad de ruedas de prensa.

El anuncio de una sanción económica, como una reacción desproporcionada por una simple declaración, incluso manipulada, es otra jugada en off-side de los organizadores posiblemente de la peor edición de la historia de Roland Garros que se suma a otras irregularidades inconcebibles en un Grand Slam.

Su miopía (como el precepto bíblico indica) los conduce a ver la paja en el ojo ajeno, la actitud de Dani; sin sacarse la viga del ojo propio; exigiendo respeto a una autoridad que no fue agredida ni insultada y que más bien debía ser amonestada por su condescendencia exagerada e indebida tolerancia a actitudes que riñen con el reglamento, antideportivas y que no cuadran en un deporte como el tenis, ni en cualquier otro, ni en la vida.

Incluso estuvieron ciegos y ni acusaron de machista al español Rafael Jodar cuando tuvo un incidente con una mujer pasapelotas.

El belga número 37 del mundo, Alexander Blockx, se tuvo que retirar del torneo debido a una lesión en el tobillo por culpa de una alfombra y vallas publicitarias mal puestas.

El accidente se repitió con la doblista turca turca Zeynep Sönmez. El primero ya anunció que demandará a la organización, que, a la luz de todos estos hechos, está muy lejos de la perfección. Y la otra víctima considera asimismo pedir una compensación económica por los daños y perjuicios sufridos.

¿Los organizadores hubieran tomado la misma decisión si en vez de Dani hubiera sido Yannick Sinner el protagonista del tan viral episodio de supuesto atentado de género? ¿O habrían pensado dos veces para sancionarlo siendo europeo, italiano y número 1 del mundo? Coherencia, por favor.

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