Hay triunfos que valen tres puntos. Y hay otros que cambian para siempre la historia de un club. Lo que consiguió esta noche Recoleta en el Nuevo Gasómetro pertenece definitivamente al segundo grupo.
El Canario derrotó 1-0 al Azulgrana en Buenos Aires y firmó la victoria más importante de toda su existencia, incluso por encima de cualquier conquista local. Porque no solamente venció a un campeón continental en su propia casa. También lo hizo bajo presión, jugando un partido límite y clasificándose a los octavos de final de la Copa Sudamericana 2026.
La noche tuvo aroma épico desde el arranque. El conjunto argentino salió decidido a llevarse por delante al representante paraguayo, empujado por un estadio repleto y por la obligación de ganar. Pero Recoleta resistió. Aguantó los golpes. Se ordenó. Y cuando parecía sufrir más de la cuenta, apareció el hombre del semestre.
Allan Wlk, goleador y figura absoluta del equipo en el costado ofensivo, sacó un derechazo bajo y potente para silenciar al Bajo Flores y desatar la locura recoletana en el minuto 37.
Después vino la resistencia heroica. Recoleta defendió cada pelota como si fuera la última. Corrió hasta el agotamiento. Metió el cuerpo, el alma y el corazón frente a un rival desesperado. Incluso sobre el final, el duodécimo minuto de descuento, el cuadro paraguayo pudo aumentar la ventaja desde los 12 pasos, pero el penal de Wlk fue desviado por el portero de la Albirroja, Orlando Gill.
Por intermedio de Recoleta, todo el fútbol paraguayo encontró otra de esas noches que quedan grabadas para siempre. Porque este humilde equipo, que hace no mucho tiempo peleaba por hacerse un lugar en Primera División, acaba de escribir la página más gigante de toda su historia.


