Ciencia y Tecnología

Uruguay ensaya bioreparación ecológica para frenar el desgaste

La iniciativa está liderada por la doctora en microbiología Daniela Megrian, investigadora de la Unidad de Bioinformática del Institut Pasteur de Mon…

| Por La Tribuna
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Un equipo de investigadores del Institut Pasteur trabaja en un proyecto pionero en la región para aislar bacterias nativas presentes en el hormigón de edificios históricos, como el Estadio Centenario, con el objetivo de utilizarlas para reparar fisuras y frenar el deterioro patrimonial de forma ecológica.

La iniciativa está liderada por la doctora en microbiología Daniela Megrian, investigadora de la Unidad de Bioinformática del Institut Pasteur de Montevideo, y cuenta con el apoyo de otros científicos del centro, además del ingeniero Jean Ducasse-Lapeyrusse, especialista en conservación de hormigón patrimonial en Francia.

(EFE/La Tribuna). Un equipo del Institut Pasteur de Uruguay impulsa un proyecto pionero en la región para “bioreparar” de forma ecológica edificios patrimoniales: aislar bacterias nativas que ya habitan el hormigón de estructuras históricas —como el Estadio Centenario— y aprovechar su capacidad natural para sellar microfisuras y frenar el deterioro provocado por humedad, salinidad y agentes corrosivos.

Para los ensayos preliminares, el equipo seleccionó dos íconos de la arquitectura uruguaya: el Estadio Centenario, declarado Monumento Histórico del Fútbol Mundial por la FIFA y sede prevista para el Mundial 2030, y el exfrigorífico Anglo, en Fray Bentos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ambos sitios fueron elegidos con el apoyo de la Comisión de Patrimonio del Ministerio de Educación y Cultura.

La “bioreparación” apunta a reemplazar o complementar métodos tradicionales que suelen recurrir a compuestos químicos que no siempre resultan compatibles con los materiales originales. “Se trata de preservar el patrimonio histórico nacional de manera ecológica, utilizando bacterias que ya están presentes en el propio hormigón y sin alterar la estructura ni los diseños originales”, explicó Megrian a EFE. Según el equipo, algunas formulaciones convencionales pueden reducir la durabilidad de las intervenciones e incluso generar nuevos daños con el tiempo.

El mecanismo más estudiado se conoce como biomineralización. En términos simples, ciertas bacterias pueden producir carbonato de calcio —una sustancia blanca emparentada con la calcita— cuando se les aportan nutrientes específicos. Ese mineral funciona como un “relleno” que, si se forma de manera controlada, puede sellar microfisuras de pocos milímetros, limitar la entrada de agua y oxígeno, y proteger el interior del hormigón de procesos corrosivos.

Para saber qué microorganismos viven en estas superficies, los investigadores realizaron hisopados en zonas deterioradas y pequeñas perforaciones —de no más de un centímetro— para recolectar polvo del interior del material. Esas muestras, acumuladas por años de exposición al clima costero, se trasladan al laboratorio, donde se identifican bacterias mediante secuenciación genética. “A partir de secuenciar su genoma podemos saber cuál es su identidad y ver si tienen el potencial de reparar hormigón”, señaló la investigadora.

Más allá del sellado, el equipo explora otras vías de protección asociadas al uso de bacterias, como la desalinización. El hormigón en ambientes marinos o cercanos a cursos de agua puede acumular sales, un factor crítico porque favorece la corrosión del hierro en el hormigón armado y, en casos extremos, deriva en problemas estructurales de gran magnitud. Reducir esas sales, explicó el grupo, puede aumentar la vida útil de la estructura y disminuir la necesidad de reparaciones invasivas.

Aunque existen tecnologías similares en países como Países Bajos o Japón, los investigadores subrayan que lo local es clave. Las comunidades bacterianas varían según región, temperatura, humedad y salinidad, por lo que cepas comerciales externas podrían no adaptarse al “estrés” ambiental uruguayo. “No nos interesa incorporar bacterias que no existen originalmente en el material”, insistió Megrian, al remarcar la importancia de trabajar con microorganismos nativos ya aclimatados.

El proyecto lleva aproximadamente un año y se encuentra en etapa inicial. El próximo desafío es conseguir financiación para ampliar ensayos técnicos, evaluar el desempeño del sellado en condiciones reales y diseñar protocolos que permitan trasladar la tecnología del laboratorio a intervenciones de restauración. El objetivo final, concluyó el equipo, es sumar una herramienta sustentable para conservar edificios emblemáticos sin comprometer su valor histórico a largo plazo.

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