La propuesta apunta a un objetivo fácil de entender: fabricar gasolina lista para usarse en los autos de hoy. Es un combustible “drop-in”, compatible con motores actuales, sin necesidad de modificar vehículos ni instalar una infraestructura nueva. Mientras muchos proyectos de combustibles sintéticos se piensan como megaplantas industriales, Aircela propone producción distribuida: varias unidades pequeñas donde se necesite combustible.
¿Cómo lo logra? Primero captura CO₂ del aire. Luego ese CO₂ se combina con hidrógeno obtenido del agua, extraído mediante electrólisis alimentada con electricidad renovable. Con ayuda de un reactor y catalizadores, el sistema genera primero metanol y después gasolina líquida sintética. Reportes que siguieron el desarrollo señalan que el combustible final es químicamente equivalente a la gasolina tradicional, pero sin depender del petróleo y sin aditivos como azufre o etanol.
En números divulgados por esos reportes, la máquina podría capturar alrededor de 10 kg de CO₂ al día y producir hasta 4 litros diarios de gasolina. El formato podría ser útil en zonas remotas, islas o lugares donde abastecerse es costoso, porque permitiría producir en sitio en vez de transportar combustible por largas distancias.
El prototipo se mostró ante una audiencia que incluyó al concejal de Nueva York Erik Bottcher, al presidente de Energía del Estado de Nueva York Richard Kauffman y varios inversores. Karl Dums, exlíder de proyectos de eFuels en Porsche, admitió que al inicio no creía que funcionaría y luego celebró que la prueba demuestra un “momento histórico”.
Aircela también atrajo apoyo estratégico de Maersk Growth, el brazo de capital de riesgo de A.P. Moller–Maersk. Su directivo, Morten Bo Christiansen, explicó que invirtieron por el enfoque de combustibles de bajas emisiones basado en captura directa, y que ahora el reto es “escalar y reducir costos”, con la expectativa de que, a futuro, Maersk pase de inversor a cliente.
Pero hay matices. La promesa climática depende de una condición clave: que la electricidad usada sea renovable. Si se usa energía sucia, se pierde parte del beneficio. Además, la captura directa de CO₂ y el hidrógeno renovable todavía enfrentan desafíos de eficiencia y costo. En Europa se mencionó un precio estimado inicial de entre 14.000 y 18.500 euros por unidad, mientras se reportan pruebas en Los Ángeles y un plan de despliegues iniciales “este otoño”.
Fundada en 2019 por Mia Dahlgren y Eric Dahlgren, Aircela está respaldada por inversores como Chris Larsen (Ripple), Jeff Ubben y Maersk Growth. Si logra bajar costos, su enfoque abre un camino intermedio para la transición energética: reducir emisiones sin exigir que todo el mundo cambie de vehículo de inmediato, especialmente en regiones donde la electrificación total avanzará más lento.
La pregunta es si podrá producir a costos competitivos. Si los costos bajan, la tecnología podría complementar la descarbonización con una ventaja práctica: aprovechar el parque vehicular existente, sin esperar su recambio total.



