Ese impulso llega en un momento en que los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC) mostraron un desempeño récord. Entre julio de 2024 y junio de 2025, las exportaciones del sector alcanzaron USD 9.685 millones, con un crecimiento interanual del 20,8% que duplica el promedio global del 9,5% informado por la OMC. Con este salto, la Economía del Conocimiento consolidó su lugar como tercer complejo exportador nacional —en torno al 12% de las ventas externas— y lo hizo en un contexto de contracción del empleo privado en otros sectores.
El mercado laboral confirma la tendencia. Según Argencon, el empleo total en el ecosistema llegó a 283.500 puestos. En el año finalizado en junio, se sumaron 32.000 empleos, y en el último trimestre la creación neta fue de 3.200, evidencia de una base que crece pese a la volatilidad macro. El segmento de servicios profesionales lidera la composición con el 64,1% del total anual, seguido por los servicios informáticos, con el 28%. Parte de este dinamismo obedece a operaciones “intracompany” que amortiguan mejor los cambios de costos.
La IA está en el centro de la escena. Una encuesta reciente de Argencon entre empresas del sector muestra que el 41,5% planea desplegar IA en todas las áreas durante 2026 y que para el 17% será el principal proyecto estratégico del año. Entre las grandes exportadoras, el 95% ya cuenta con especialistas o programas de adopción monitoreados centralmente y el 75% aplica capacitaciones avanzadas obligatorias. El dato contrasta con la base más amplia del ecosistema, donde el 95% de los encuestados considera que el mercado aún está en una etapa de “entendimiento incipiente” y un 43% de las pymes no tiene políticas formales de adopción. La foto, por lo tanto, es dual: las firmas líderes traccionan el cambio mientras la mediana empresa acelera a un ritmo más gradual.
Para Galeazzi, el desempeño del sector se apoya en un cóctel virtuoso: un entorno macro relativamente más competitivo, reingeniería de procesos por IA, rediseño de productos y una demanda global favorecida por la reconfiguración geopolítica. En el tablero internacional, los SBC superaron los USD 4 billones en 2024, con Europa Occidental a la cabeza del crecimiento, seguida por América del Norte y Europa Oriental. Argentina ocupa el puesto 43° entre los exportadores, con una participación del 0,23%, y mejora frente a 2023. Países comparables —Costa Rica, Uruguay, Polonia, Portugal— también ampliaron su cuota, lo que sugiere que hay espacio para seguir ganando terreno. En ese mapa, la Patagonia como polo de datos agrega un diferencial regional.
Aquí aparece una oportunidad para Paraguay. La cercanía geográfica y cultural, el dinamismo de su comunidad tecnológica y el talento joven —con casos que ya dialogan en foros globales— pueden convertir al país en socio natural de la cadena de valor digital argentina. Un megacentro de datos al sur del continente crea demanda de conectividad, ciberseguridad, servicios profesionales, localización de contenidos y entrenamiento de modelos de IA: segmentos donde equipos paraguayos pueden integrarse como proveedores “nearshore”, aportando agilidad y costos competitivos. Además, la complementariedad energética y de infraestructura abre la puerta a nodos de borde, laboratorios de datos y programas conjuntos de formación en Asunción y el interior, alineados con estándares que hoy exigen las grandes plataformas.
Leandro Mora Alfonsín, director ejecutivo de Desarrollo de Argencon, plantea una hoja de ruta ambiciosa: con políticas habilitantes, es factible proyectar exportaciones por USD 30.000 millones en la próxima década. Esa escala requiere un enfoque regional. Programas binacionales de capacitación avanzada, certificaciones compartidas, pasarelas de talento y clústeres transfronterizos pueden acelerar la adopción de IA en pymes de ambos países. De hecho, el 74% de las empresas del ecosistema ya decidió sostener el ritmo de contratación y priorizar la reeducación interna de sus equipos a medida que integran IA en tecnología (74%), recursos humanos (50%), finanzas (48%) y marketing (43%), con mejoras en productividad, costos y velocidad de procesos: terreno fértil para pilotos y servicios compartidos con firmas paraguayas.
El desafío ya no es demostrar la relevancia del sector, sino remover fricciones para que su efecto multiplicador se extienda al resto de la economía y cruce fronteras. Argencon advierte que un marco regulatorio burocrático o ineficaz para IA sería un freno costoso. La agenda procompetitiva incluye educación tecnológica, infraestructura, estabilidad macro y reglas que premien la innovación, la inversión y el desarrollo de capital humano. Para Paraguay, sumarse a estándares y marcos de interoperabilidad fortalecería su inserción en proyectos regionales de alto impacto.
En síntesis, Argentina tiene los ingredientes —talento, creatividad, vocación exportadora y casos concretos de adopción de IA— y Paraguay tiene una oportunidad inmediata de encastrarse en esa dinámica como socio estratégico. Si el proyecto de SurEnergy y OpenAI se materializa, catalizará una ola de inversión y modernización transversal. Lo que sigue exige visión compartida: convertir conocimiento en productividad y productividad en desarrollo, con una agenda que piense en cadenas regionales y en décadas, no en trimestres. El nuevo ciclo ya empezó; hacerlo escalar, juntos, es la verdadera ventaja competitiva del Cono Sur.


