Aprobado su paquete de compensación de 1 billón de dólares por un 75% de los votos de la junta, Elon Musk aprovechó la asamblea anual de Tesla para dibujar su nuevo “libro”: una empresa centrada en robótica, conducción autónoma e IA, con el robot Optimus como protagonista. El empresario llegó a imaginar un futuro sin cárceles: en lugar de prisión, robots inteligentes seguirían y vigilarían a los infractores “para impedir que reincidan”. Asegura que Optimus puede ser “el producto más importante de la historia” y que su fabricación alcanzará millones de unidades por año.
La apuesta se articula en metas ambiciosas: llevar el Full Self-Driving a un nivel que “elimine la necesidad de supervisión humana” —hasta permitir “escribir mensajes mientras se conduce”—, iniciar el próximo año la producción del Cybercab (robotaxi sin volante, pedales ni espejos) y escalar su manufactura con un proceso “tipo smartphone” capaz de producir una unidad cada 10 segundos. Para cobrar íntegro el paquete, Musk debe empujar a Tesla hasta una capitalización de 8,5 billones de dólares y cumplir hitos como 20 millones de coches al año, 10 millones de suscripciones FSD, un millón de robotaxis y un millón de Optimus.
Respaldo a El Salvador
Elon Musk también respaldó un programa de El Salvador que muestra a condenados por delitos menores trabajando en obras públicas y producción, iniciativa que calificó en su red social como “el camino”. El plan no se aplica a crímenes graves. En paralelo, el propio Musk insiste en que Optimus tendrá usos como operario industrial y asistente personal, además de ese rol de “vigilancia” que, en su visión, volvería obsoletas a las prisiones.
El entusiasmo, sin embargo, convive con dudas. Críticos como Bernie Sanders cuestionan la desmesura del pago mientras Tesla atraviesa un año débil en ventas y con la imagen de marca bajo presión. Y persisten interrogantes técnicos, legales y éticos: ¿quién certifica la seguridad del FSD “sin supervisión”? ¿Cómo se regularía un robot que “impide delinquir”? ¿Qué salvaguardas preservarían derechos y debido proceso? Incluso Optimus arrastra incertidumbre: varias unidades mostradas en público han sido demostradores no plenamente funcionales.Musk llama a “multiplicar por diez” la economía con sus robots. Entre la promesa y la realidad, Tesla entra en su fase más arriesgada: si cumple objetivos, consolidará la mayor transición de una automotriz hacia la robótica autónoma; si no, el “nuevo libro” quedará como la apuesta más audaz —y polémica— del empresario.


