Implantan minirriñones humanos en riñones de cerdo y siguen funcionando

Un equipo internacional con base en España consiguió algo que sonaba a ciencia ficción: fabricó “minirriñones” humanos en el laboratorio, los injertó…

| Por La Tribuna
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Un equipo internacional con base en España consiguió algo que sonaba a ciencia ficción: fabricó “minirriñones” humanos en el laboratorio, los injertó en riñones de cerdo, volvió a implantar esos riñones modificados en el propio animal y comprobó que seguían funcionando sin daño ni toxicidad tras 24 y 48 horas. El estudio, publicado ayer 31 de octubre del 2025 en la revista Nature Biomedical Engineering, demuestra que el tejido renal humano puede integrarse en un órgano porcino vivo sin provocar rechazo inmediato.

El corazón del avance son los organoides renales humanos. Un organoide es una microestructura tridimensional generada a partir de células madre humanas. No es un riñón completo, pero copia partes clave de su arquitectura y de su función. Sirve para entender cómo se forma el riñón, probar fármacos con precisión y, sobre todo, aportar células sanas capaces de reparar tejido dañado en lugar de tener que reemplazar todo el órgano.

El proyecto está liderado por Núria Montserrat, del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), junto al Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC) y otros centros internacionales. El gran freno era fabricar suficientes organoides con calidad constante y costo razonable. El equipo desarrolló un protocolo escalable que genera miles de organoides renales humanos casi idénticos en poco tiempo y con alta precisión. Ese salto de escala elimina uno de los mayores cuellos de botella y acerca la posibilidad de ensayos clínicos de terapia celular renal.

Luego vino la parte quirúrgica. Los riñones de cerdo se extrajeron y se mantuvieron vivos fuera del cuerpo mediante máquinas de perfusión normotérmica, que bombean sangre oxigenada y nutrientes a temperatura corporal para que el órgano siga funcionando como si aún estuviera dentro del animal. En esa fase ex vivo se introdujeron los organoides humanos en el tejido renal porcino y, después, cada riñón se reimplantó en el mismo cerdo para evaluar su viabilidad en vivo. A las 24 y 48 horas, las células humanas seguían integradas, el riñón conservaba su función y no aparecían signos relevantes de respuesta inmune agresiva ni de toxicidad.

¿Por qué esto importa fuera del laboratorio? La demanda de riñones para trasplante supera la oferta y muchos órganos potencialmente útiles se descartan porque llegan dañados o considerados “no ideales”. La estrategia del equipo propone otra ruta: tratar y regenerar el riñón fuera del cuerpo antes del trasplante, usando células humanas para reparar zonas lesionadas y devolverle funcionalidad. Si eso se confirma en humanos, podría aumentar el número de riñones aprovechables y acortar la espera de pacientes crónicos.

Además, la perfusión normotérmica convierte al riñón en un paciente conectado a monitores. Con el órgano en la máquina se pueden medir en tiempo real parámetros fisiológicos y ver si las células humanas se integran bien o si aparece inflamación. Esa observación inmediata permite decidir con datos si un riñón “reparado” es seguro para volver al cuerpo y abre la puerta a terapias personalizadas órgano por órgano antes de que llegue al quirófano.

Quedan límites evidentes. Todo este proceso se probó en cerdos, no en personas. Falta demostrar que la integración de células humanas se mantiene más allá de las primeras 48 horas, que no genera tumores ni rechazo tardío, y que es éticamente aceptable como paso intermedio hacia un trasplante humano. El propio equipo insiste en que aún no es una terapia lista para hospitales, sino una plataforma experimental que prepara el camino para ensayos clínicos de medicina regenerativa.

Aun así, el mensaje de fondo es potente. La crisis de órganos ya no se piensa solo en “conseguir más donantes”, sino también en “salvar órganos que hoy se tiran”. Reparar un riñón dañado con células humanas antes de trasplantarlo podría redefinir qué consideramos un órgano viable. Y eso, si se confirma, puede reescribir la lista de espera de trasplantes renales en el siglo XXI.

Foto:

Detalle de un riñón porcino conectado a la máquina de “perfusión normotérmica”, un dispositivo que permite preservar el riñón vivo y oxigenado de manera ex vivo (fuera del cuerpo).

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