Ciencia y Tecnología

Vanguard: vivir, explorar y trabajar bajo el mar hasta 30 días

En un hangar de Miami, una nave amarilla con puerta de cohete y pasillos de acero volvió a poner al océano en el centro de la exploración humana. Se …

| Por La Tribuna-
Vanguard DEEP's pilot subsea human habitat presented in Miami MIAMI (United States), 29/10/2025.- A person walks next to the Vanguard DEEP's pilot subsea human habitat displayed in a warehouse in Miami, Florida, USA, 29 October 2025. Vanguard will be the first underwater habitat to be classed by Det Norske Veritas (DNV), a global certification provider for maritime technology, establishing a new global benchmark for safety in subsea habitation. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

En un hangar de Miami, una nave amarilla con puerta de cohete y pasillos de acero volvió a poner al océano en el centro de la exploración humana. Se llama Vanguard y es el nuevo hábitat submarino de DEEP, la empresa británica que propone algo tan simple como transformador: permitir que equipos de cuatro personas vivan y trabajen bajo el mar durante días, no solo por horas. La apuesta es clara: si llevamos décadas habitando laboratorios orbitales, ¿por qué no retomar —con tecnología del siglo XXI— la vida científica en el fondo del océano?

Vanguard fue presentado este miércoles y está diseñado para misiones de al menos siete días, con la posibilidad de extender la permanencia hasta treinta días, según explicó Roger García, director de operaciones del hábitat. El objetivo es abrir un nuevo campo de investigación continua: conservación marina, restauración de arrecifes de coral, búsqueda de péptidos con potencial farmacéutico, fisiología del buceo y entrenamiento análogo para vuelos espaciales. “Queremos hacer a los humanos acuáticos otra vez”, resumió García, convencido de que vivir bajo el agua cambia la escala y la calidad de lo que la ciencia puede observar.

El prototipo presentado tiene tres módulos: una cámara habitable donde se come, duerme y trabaja, un centro de buceo que funciona como acceso operativo al mar y una base que se fija al fondo para estabilizar la estructura frente a oleaje y tormentas. Por encima, una plataforma flotante suministra aire comprimido, energía y comunicaciones con tierra. La cámara principal mide unos 12,1 metros de largo por 3,7 metros de ancho, soporta la presión a la que estará sometida y mantiene seguros a sus ocupantes. En el interior, la funcionalidad manda: dos literas que se convierten en sala con mesa central, un baño y una cocina compacta con alimentos listos para hidratar y calentar. “Aquí se puede dormir, descansar, llamar a la familia y trabajar”, describió García, como si se tratara de un pequeño apartamento… solo que sumergido.

La entrada y salida al océano se realiza desde el centro de buceo a través de una moon pool —una abertura en el suelo con acceso directo al agua—, lo que permite alternar trabajo de gabinete con inmersiones planificadas sin romper la continuidad de la misión. En su primer despliegue, previsto en las próximas semanas en Florida (un sitio aún por anunciar y que apunta a los Cayos de Florida), Vanguard operará en aguas iluminadas, entre 18 y 21 metros de profundidad. Norman Smith, director tecnológico de DEEP e ingeniero jefe del sistema, explicó que el plan es escalar: prototipos capaces de operar a 200 metros ya están en desarrollo para alcanzar zonas hoy poco accesibles a buzos e instrumentación.

Más que un “submarino”, Vanguard es un laboratorio habitado. Parte de su misión será entender cómo responde el cuerpo humano a las variaciones de presión: el equipo saldrá mediante protocolos de descompresión y llevará sensores que monitorizarán en tiempo real la formación de burbujas de gas en sangre, un insumo valioso para mejorar la seguridad del buceo y afinar guías clínicas. El puente con el espacio es explícito: astronautas de la NASA —que, según García, llevan 20 años colaborando con DEEP— entrenarán en Vanguard porque la logística diaria y el confinamiento científico “se parecen a vivir en la Estación Espacial Internacional, pero bajo el agua”.

El nombre Vanguard —“vanguardia”, “guardia avanzada”— sintetiza una ambición: recuperar la exploración submarina de larga duración que, tras las pioneras Conshelf II y Tektite en los años 60 y 70, quedó relegada por la fiebre espacial. La diferencia hoy es de madurez tecnológica: materiales, energía, comunicaciones y soporte vital han avanzado lo suficiente como para que la vida continua bajo el mar deje de ser una proeza aislada y pase a integrarse al calendario de campañas científicas.

La arquitectura modular y el soporte de superficie también permiten pensar en redes de hábitats. García adelantó que la compañía planea construir más unidades e impulsar una constelación de Vanguards en distintos mares del mundo. Esa capilaridad —pequeños equipos, estancias largas, ubicación estratégica— podría acelerar la restauración de corales, el seguimiento de especies sensibles al cambio climático y la observación de procesos que, por su escala temporal, son invisibles a las expediciones convencionales de pocas horas.

En lo inmediato, el primer Vanguard empezará “poco profundo” para validar procedimientos, entrenar tripulaciones y recoger datos que alimenten la siguiente iteración. DEEP insiste en que el salto cualitativo está en el tiempo: pasar de “mirar” el océano a habitarlo por períodos suficientes como para captar ritmos ecológicos, detectar cambios incipientes y actuar de forma preventiva. Como sintetiza Norman Smith, “hacer accesibles esas profundidades abrirá un nuevo campo científico”.

Si todo sale como está previsto, a finales de este año o inicios del próximo también se podrá “vivir” en Vanguard, no solo trabajar. Será un hito simbólico y práctico: volver a poner el cuerpo en el océano, con método y propósito. De la mano de DEEP, la exploración submarina busca recuperar su lugar en la imaginación pública y, sobre todo, en la agenda de soluciones: desde arrecifes resilientes hasta compuestos marinos que inspiren nuevas terapias. En tiempos de mares bajo presión, la ciencia se prepara para quedarse más tiempo donde más falta hace: abajo, en casa del agua.

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