Desde hace siglos, la humanidad se ha preguntado si la Luna, con su ciclo de 29,5 días, ejerce alguna influencia sobre el ciclo menstrual femenino, cuya duración promedio es de 29 días. Aunque la evidencia científica siempre fue controvertida, un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances sugiere que este antiguo vínculo, visible en datos históricos, se ha debilitado en las últimas décadas debido a la irrupción de las pantallas y de las luces LED.
El hallazgo científico
La investigación, liderada por la neurobióloga Charlotte Helfrich-Förster de la Universidad de Wurzburgo, analizó más de 11.500 registros menstruales de 176 mujeres recopilados durante los últimos 70 años, algunos con seguimientos de hasta tres décadas. Los resultados muestran que, antes del 2010, muchas mujeres presentaban menstruaciones alineadas con la luna llena o la luna nueva, tanto a nivel individual como colectivo.
En cambio, después del 2010, la sincronía casi desapareció, salvo en enero, cuando la Tierra se encuentra más cerca del Sol y las fuerzas gravitatorias del sistema Tierra-Luna-Sol se refuerzan. Según los autores, este cambio coincide con la expansión masiva de la iluminación LED y el uso cotidiano de teléfonos inteligentes, ambos emisores de luz azul, altamente sensible para el ojo humano.
Naturaleza y tecnología en tensión
Los ciclos biológicos de animales muestran sobrada evidencia de sincronización con las fases lunares. Peces, corales, invertebrados marinos e incluso mamíferos como tejones, vacas en Venezuela y Japón o los gorilas de montaña sincronizan sus momentos de mayor fertilidad con la luz lunar, maximizando sus posibilidades de reproducción.
En humanos, los trabajos de las décadas de 1970 y 1980 ya habían sugerido una tendencia: mujeres con ciclos cercanos a 29,5 días tendían a menstruar en luna llena o luna nueva. Sin embargo, investigaciones más recientes no encontraban dicha correlación. La hipótesis de Helfrich-Förster es clara: la luz artificial nocturna habría roto un patrón biológico que existía previamente.
“Decidí analizar los datos de antes y después del 2010 porque fue el momento en que los LED llegaron al mercado y el uso de pantallas con luz azul se disparó”, explicó la investigadora.
Un efecto difícil de explicar
El estudio reconoce, no obstante, que la influencia lunar sigue siendo un misterio. Aunque la Luna tiene un efecto gravitatorio evidente sobre la Tierra —visible en las mareas—, resulta difícil comprender cómo un ser humano puede sentirlo directamente. “Tal vez podamos percibir cambios indirectos, como variaciones en la presión atmosférica durante el ciclo lunar, pero no hay una respuesta definitiva”, admitió Helfrich-Förster.
Otros científicos, como Claude Gronfier, apuntan a la existencia de un reloj biológico interno como regulador principal del ciclo menstrual. Si bien concede que los nuevos resultados sugieren que la relación lunar no es casual, pide cautela: “Hubiera sido útil medir con precisión la intensidad de la luz artificial a la que estaban expuestas las participantes para confirmar que realmente había cambiado entre ambas épocas”.
Un debate abierto
La persistencia de sincronía en enero refuerza la hipótesis de que las fuerzas gravitacionales entre el Sol, la Tierra y la Luna pueden mantener, al menos temporalmente, el vínculo natural, incluso frente al “ruido” de la luz artificial. Pero la investigación también advierte que factores ambientales (como el cambio climático, la dieta o el CO2) e individuales (edad, alteraciones hormonales o trastornos del sueño) podrían incidir en los resultados.
En todo caso, el consenso científico sigue dividido. María de los Ángeles Rol de Lama, directora del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia, destacó la calidad del trabajo, pero recordó que “para medir esto con precisión, habría que meter a las mujeres en un búnker durante un mes”, dada la cantidad de factores externos que afectan el ciclo menstrual.
El enigma del vínculo entre la Luna y la menstruación sigue lejos de resolverse. La coincidencia entre ambos ciclos podría ser, en parte, una casualidad biológica. Además, los ciclos menstruales varían entre 26 y 32 días y se ven alterados por factores como estrés, dietas, cambios hormonales u obesidad.
El debate se enmarca en una tensión más amplia, el contraste entre un mundo biológico adaptado durante milenios a la luz natural del cielo y una sociedad moderna cada vez más iluminada por pantallas, farolas LED y dispositivos móviles.
Lo cierto es que, aunque los resultados sugieren que el vínculo ancestral se ha debilitado, todavía quedan incógnitas. Como resume Helfrich-Förster, “quizá la Luna aún influye, pero hoy necesitamos mirar más allá de lo que vemos en el cielo y considerar cuánto influye la tecnología que llevamos en nuestras manos”.


